Todos tenemos el privilegio de marcar nuestro rumbo y ser el capitán de nuestra propia vida, aunque nos equivoquemos, también es una posibilidad para aprender y crecer.

Desde el momento que nacemos estamos acompañados por nuestros padres y seres queridos en general. Cuando nos vamos haciendo más mayores, vamos conociendo a más gente en forma de amigos y colegas de colegio que nos sirven para divertirnos y en parte desarrollar nuestras habilidades sociales.

Cuando llegamos a la pubertad, ya es hora de ir conociendo a nuestro primer amor que nos permita tanto explorar nuestra sexualidad como los sentimientos más profundos que se dan dentro de una persona… Todo esto acompañado de más amistades provenientes tanto de nuestro ámbito social como profesional.

¿Significa esto que siempre vayamos a estar siempre acompañados? Nada más lejos de la realidad. Aunque siempre nos hemos postulado como seres sociales por naturaleza, a la hora de la verdad estaremos solos “ante el peligro”.  De ahí que sea muy importante ser de lo más independientes ya que en definitiva somos los capitanes de ese barco llamado “vida”.

Somos los dueños de nuestros propios actos

Somos muy propensos a ser de lo más pesimistas cada vez que nos ocurre cualquier contratiempo. Sin embargo, muchas veces no nos percatamos que somos  nosotros mismos somos los dueños de nuestros propios actos. Por ello, no tiene mucho sentido culpar a terceras personas o simplemente a nuestra mala suerte cada vez que se nos presenta cualquier problema,

Hay que ser consecuentes con nuestras acciones. Son estas y no las palabras las que definen y desarrollan nuestra personalidad. De la misma manera que un alfarero coge barro y lo va modelando a fuego lento con sus propias manos. Da igual el tiempo que tarde. Antes o después tendrá la forma que quiere. Pues ocurre lo mismo con nuestras acciones. Da lo mismo que nosotros queramos ser de una manera y nuestros actos digan que somos algo completamente contrario. Antes o después estos nos definirán cómo somos y cómo actuaremos en el futuro.

Tenemos derecho a errar

Una vez dicho esto, no queremos decir que haya que ser completamente perfectos. Habrá cosas que escapen de nuestro control. En este sentido, en ocasiones no podremos hacer nada al respecto. Y por tanto tampoco debemos macharnos con ello. De hecho, también tenemos todo el derecho a equivocarnos y errar bastantes veces a lo largo de nuestra vida. Forma parte de nuestro ADN, de nuestra idiosincrasia y de nuestra forma de ser. Sin el erro no seríamos humanos.

Aunque hay que v ver el lado positiva de las cosas.  Muchos de estos traspiés nos ayudarán también a conocernos mejor como persona.  Y de hecho serán de lo más útil para saber cuáles son nuestras virtudes y defectos. A partir de ahí, ya sabremos mejor cómo actuar ante cualquier tipo de situación.

Y será mejor que lo hagamos solos. Podemos siempre acudir a terceras personas como familiares cercanos o amigos para que estos nos aconsejen. Pero a la hora de la verdad seremos nosotros los que nos encontremos “solos ante todos los peligros” que nos pone la vida día sí, día también.

En definitiva, a pesar de que habrá errores que dependan únicamente de nosotros, en nuestras manos está intentar no volver a caer en la misma piedra. Tenemos que aprender de los mismos con el objetivo de salir mucho más reforzados.

Sé feliz pensando tanto en ti como en los demás

Una de las formas de ser felices es a través de una balanza. En ella debemos poner tanto nuestras preferencias personales como las de otras personas. Está muy bien eso de ser una persona altruista y que siempre se desvive en los demás. Sin embargo, esto nos puede deparar bastante estrés y frustración en el futuro. Es imposible hacer feliz a todo el mundo. De ahí que en ocasiones haya que aprender a decir que ‘NO’.

En esto consiste la asertividad. En la habilidad de expresar nuestros opiniones, sentimientos y emociones sin tener que dañar la de los demás. De esta manera, nos daremos cuenta que somos los dueños de nuestra vida. Los capitanes de ese barco al que podremos enderezar su rumbo con un simple golpe de timón. Una vez lo consigamos, seguro que veremos la paz y tranquilidad en el horizonte.

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