Los pujos se tienden a producir durante el periodo que va entre la dilatación y el parto en sí mismo. Descubre en qué consisten los esfuerzos que realiza la embarazada, cómo son y si se pueden o no controlar.

El cuerpo humano es una máquina que desafía cualquier regla de la física y que pone a la química a trabajar en todos sus procesos básicos. Y cuando de traer otra vida al mundo se trata, este se supera a sí mismo.

Durante el parto, el organismo realiza una serie de esfuerzos que parecen sobrehumanos, precisamente para darle paso a otro ser en este mundo. Muchas de estas acciones parecen inimaginables.

Pujos en el parto

Los pujos son parte del camino del alumbramiento, un procedimiento que va desde la dilatación hasta el momento en el que el bebé finalmente sale de la cavidad vaginal para encontrarse con su madre.

Durante esta etapa es cuando se registra mayor actividad dentro del útero por las múltiples contracciones que este sufre en su intento por dejar que el bebé salga sin esfuerzos adicionales.

El pujo es, entonces, el aliado perfecto del útero, que en determinado momento no se siente con demasiada fuerza, y recibe el apoyo de esta energía adicional, que les permite hacer que el bebé cubra su ruta de salida con éxito.

No es más que una reacción biológica que hace que el útero y la pared del abdomen de la madre se transformen en una fuerza conjunta que permitirá que el pequeño salga del vientre sano y salvo.

¿Los pujos se pueden controlar?

Quizá sientas ganas de empujar aun cuando no estás en el punto de dilatación óptimo para hacerlo, por lo que cabe la pregunta ¿Los pujos se pueden controlar? La respuesta es afirmativa.

Pujos durante el parto

La madre debe empujar mientras contrae su pared abdominal, de manera que desate una fuerza en forma descendente por el abdomen. Repite la acción hasta que el pujo se transforme en una acción más prolongada.

Es así como se volverá un ejercicio eficaz, y cuando ya estés lista para dejar que el bebé salga, todo será relativamente más rápido y menos traumático tanto para ti como la nueva vida que está por llegar.

Científicamente se sabe que hay dos tipos de pujos…

El pujo en valsalva consiste en la contracción que nace a raíz del bloqueo de la respiración luego de una inhalación profunda.

El pujo en espiración aparece cuando, básicamente, se exhala mientras se sigue pujando.

Los médicos coinciden en que cuando el pujo se da en respiración es menos riesgoso y traumático tanto para el suelo pélvico de la madre como para el bebé que está venir al mundo.

Hay casos en que la conocida anestesia epidural causa un efecto inhibidor en las ganas de pujar de muchas mujeres. Además de cortar ese dolor que se siente durante el parto, también es capaz de reducir las ganas de empujar.

La etapa final…

Cada pujo sirve para que el bebé se mueva lentamente hacia su salida al mundo exterior. De este modo la cabeza irá saliendo poco a poco sin que sufra una descompresión demasiado brusca.

Una vez fuera la cabeza, quienes estén asistiendo el parto pueden tirar de los hombros del bebé con mucha sutiliza para permitirle una salida más rápida y exitosa.

El otro pujo

En términos médicos existe otro tipo de pujo, y este tiene que ver con los bebés y sus primeros meses de vida. Se trata de un sonido extraño para los padres primerizos pero que no tiene que ser señal de alarma.

Esto se da justo después de cada comida. El pequeño empieza emitir una serie de extraños sonidos que pueden poner en alerta a los padres. ¿Pero qué pasa realmente? Pues no es más que el proceso natural de adaptación del bebé a su sistema digestivo.

¿Cómo son los pujos? ¿Cómo se sienten?

¿Cómo lo detectas fácilmente? Porque el recién nacido estará presentando llanto constantemente, sufrirá de cólicos y por ende se quejará mucho. Todos estos síntomas lo harán estar intranquilo.

Como su sistema de digestión apenas está tomando forma será común que sufre de problemas como el estreñimiento, lo cual hará que haga sonidos como si está pujando porque le cuesta evacuar.

También pasa que cuando el bebé come algo, su pequeño estómago se le revuelve con facilidad. Esto le ocasiona reflujo, por ende emitirá ese sonido como de pujo. El llanto es igualmente común.

Los gases y los cólicos lo azotarán durante determinado tiempo. Pero ojo, debes tener mucho cuidado, porque aunque sea normal, que se prolongue por demasiado tiempo alguno de estos síntomas ya es motivo de preocupación.

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