El líquido amniótico es un fluido líquido sumamente importante en el embarazo, que rodea al feto y lo amortigua. Descubre en qué consiste y cuáles son sus funciones principales.

Muchos son los términos nuevos con los que la madre va a tener que familiarizarse a lo largo de la gestación para comprender y entender en la medida de lo posible que su embarazo va con normalidad y saludablemente.

En cada consulta médica el especialista reconocerá y medirá la cabeza, el abdomen y el fémur del feto y como no, la cantidad de líquido amniótico que rodea al bebé. Éste líquido es un fluido de color claro que se desarrolla alrededor de la segunda semana de la concepción dentro del saco amniótico que rodea al bebé.

Líquido amniótico

Medir la cantidad de líquido amniótico que contiene el saco es importante para descartar complicaciones como oligohidramnios y polihidramnios que tiene que ver con el defecto o el exceso de líquido que puede haber dentro del saco amniótico o bolsa.

Durante el primer trimestre el líquido amniótico está compuesto por plasma sanguíneo de la madre con proteínas, lípidos, carbohidratos y fosfolípidos, electrolitos y urea y a medida que se desarrolla la orina del bebé pasará a formar parte de ese líquido.

¿Qué es el líquido amniótico?

El líquido amniótico consiste en un fluido líquido que rodea al embrión y posteriormente al feto, amortiguándolo en el interior del conocido como saco amniótico. Es fundamental e importantísimo, ya que además de amortiguar al bebé le ayuda a moverse en el interior de la pared del útero sin que precisamente éstas se ajusten demasiado a su cuerpo.

Qué es el líquido amniótico

Como indicábamos anteriormente, después de la fecundación, alrededor de dos semanas después de producirse la fertilización, el saco amniótico empieza a crecer y a llenarse, principalmente con agua. Luego, después de 10 semanas, el líquido contiene lípidos, proteínas, carbohidratos, electrolitos y urea. Todas estas sustancias ayudan al desarrollo del feto.

¿Qué función tiene el líquido amniótico?

La función y el trabajo que ejerce el líquido amniótico para el desarrollo del feto es fundamental, permite al bebé moverse con libertad dentro de la bolsa, haciendo de amortiguador ante cualquier golpe o movimiento brusco, le ayuda desarrollar los pulmones adecuadamente, mantiene su temperatura corporal y como no, lo alimenta proporcionándole iones y proteínas.

La cantidad de líquido amniótico que se genera aumenta en la semana 34 de embarazo, con un promedio de 800 ml y disminuye a partir de la semana 38 hasta alcanzar unos 600 ml en la semana 40.

Funciones principales del líquido amniótico

Cuando llega el momento del parto muchas madres experimentan la ruptura de las aguas, el líquido amniótico sale del vientre y es cuando hay que acudir al hospital con normalidad, su color debe ser amarillento o transparente indicando que todo va bien, pero si va acompañado de sangre o de color verde es imprescindible acudir al hospital de manera urgente.

Su importancia en la realización de la amniocentesis

Gracias al líquido amniótico el especialista puede determinar si existe complicaciones o malformaciones en el desarrollo fetal, si así fuera la prueba de la amniocentesis nos permite saber si existen problemas con la salud, el desarrollo y el sexo del feto.

De hecho, la amniocentesis consiste en una prueba o estudio que permite recoger información sobre el desarrollo del bebé, realizada habitualmente con el fin de determinar si presenta alguna condición o trastorno genético o una anormalidad cromosómica, como por ejemplo podría ser el caso del sindrome de Down.

Amniocentesis

Esta prueba se lleva a cabo sobre todo cuando el embarazo se encuentra entre las semanas 16 y 22, y por lo general se trata de un estudio que se tiende a realizar cuando se presenta un riesgo mayor de que el bebé pueda sufrir algún problema cromosómico o genético. El motivo es evidente: se trata de una prueba invasiva que conlleva un riesgo -pequeño- de que se pueda producir un aborto espontáneo.

Por otro lado, también debemos enumerar otras razones por las que de manera habitual se tiende a realizar la amniocentesis. Por ejemplo, para diagnosticar la posible existencia de una infección intrauterina, para determinar si los pulmones del bebé están lo suficientemente maduros (en caso de que la embarazada corra el riesgo de tener un parto prematuro, o si éste se debe adelantar), y para controlar el bienestar del feto en caso de sensibilización en la sangre (condición que se da cuando el tipo de sangre de la mamá es distinta a la del bebé).

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