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Lactancia materna

No puedo seguir con la lactancia materna, ¿cuándo pasar a la artificial?

Mientras que la lactancia materna se recomienda durante los primeros 6 meses de vida, hay veces que la mamá no puede seguir con ella. Entonces, ¿cuándo pasar a la artificial?.

Lactancia artificial

La Organización Mundial de la Salud es clara respecto a la importancia de comenzar con la lactancia materna inmediatamente después del momento en el que nace el bebé, y seguir con ella durante al menos los 6 meses siguientes: «La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante seis meses».

De hecho, defiende a la lactancia materna como «la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables». Y considera que «prácticamente todas las mujeres pueden amamantar, siempre que dispongan de buena información y del apoyo de su familia y del sistema de atención de salud» (1).

No obstante, es cierto que en determinados momentos y circunstancias puede ocurrir que la lactancia materna no sea posible, haciéndose necesario el paso a la lactancia artificial (se convierte en la alternativa cuando la alimentación al pecho no es posible, o simplemente cuando la madre decide libremente no seguir con la lactancia materna).

¿No puedes amamantar a tu hijo o quieres pasar libremente a la lactancia artificial?

Hay muchas mamás que, a lo largo del embarazo, se crean muchas expectativas, no solo en relación al desarrollo y crecimiento del bebé, sino respecto a la lactancia materna, pensando que va a ser una etapa maravillosa y sin complicaciones (idealizándola), y luego llegado el momento se encuentran de bruces con algunos de los inconvenientes habituales -y absolutamente normales- de la lactancia: el pequeño no se pega bien al pecho, surgen los primeros problemas en forma de grietas en los pezones, aparece la conocida como mastitis puerperal… También se sienten cansadas, faltas de energía y ánimo…

Todo ello puede influir en la decisión de dar el paso a la lactancia artificial, incluso antes de lo previsto. Por ejemplo, la mamá tenía la expectativa de seguir con la lactancia materna todo el tiempo posible (no solo unos meses), y al primer o segundo mes se da cuenta de que no es posible. También puede ser debido a enfermedades de la mamá o problemas de la madre o del niño.

Si es así, y no puedes amamantar a tu hijo, no debes sentirte mal en absoluto. Debes tener bien claro que no eres mala madre por ello. La lactancia materna es en realidad una opción, adecuada y cien por cien recomendable, pero solo tú tienes la capacidad para amamantar.

Como opinan muchos expertos, la lactancia materna ofrece muchísimos beneficios no solo al bebé, sino también a la mamá: desde un punto de vista nutritivo porque aporta todos aquellos nutrientes necesarios para su protección y desarrollo, porque permite estar muy unida afectivamente al pequeño… Pero si necesitas pasar a la lactancia artificial, optar por el biberón no significa que no puedas imitar todos los aspectos positivos que ofrece la lactancia materna.

Por ejemplo, puedes respetar el apetito del bebé, los horarios, la duración de las tomas y también el volumen a la vez que intentas mantener la misma unión afectiva a tu hijo, transmitiéndole todos aquellos sentimientos que tienes y que a fin de cuentas son los mismos que si le estuvieras alimentando con tu propia leche: lo miras, le hablas, lo sientes…

El paso a la leche artificial

¿La leche artificial aporta todos los nutrientes necesarios para el bebé?

Si necesitas pasar a la lactancia artificial después de unas semanas de lactancia materna, o incluso desde el primer momento, no tienes que sentirte culpable. Si te preocupa si la leche de fórmula será igual de nutritiva, debes estar tranquila: es un tipo de leche modificada para adaptarse a las necesidades que tiene el lactante.

Generalmente casi siempre es leche de vaca modificada, que se asemeja nutricionalmente lo más posible a la leche materna. De esta forma, lo que se intenta es añadir la mayoría de nutrientes presentes en la leche materna, que sin embargo no se encuentran presentes en la leche de vaca. Y, con ello, lo que se consigue es que el bebé obtenga unos efectos parecidos a los que tiene el lactante cuando amamanta.

En el mercado puedes encontrar dos tipos fundamentales de leche de fórmula en función de la edad del niño. Lo más adecuado es comenzar con la fórmula de inicio, también conocida como “tipo 1”, y que nutricionalmente está perfectamente adaptada a las necesidades nutritivas del recién nacido y del bebé, al tener una cantidad menor de proteínas y digerirse fácilmente. Se recomienda hasta los 6 meses de edad.

La segunda leche de fórmula es la conocida como leche de continuación o de “tipo 2”, en teoría recomendada desde los 6 hasta los 18 meses. Pero decimos “en teoría” porque, en realidad, tal y como defienden muchos pediatras y nutricionistas, se trataría de un tipo de leche de fórmula que no sería necesaria, siendo lo más recomendable seguir con la leche de inicio hasta los 12 meses.

¿Por qué? Fundamentalmente porque no aporta ningún beneficio extra salvo un mayor aporte en proteínas. Sin embargo, a partir de los 6 meses de edad el pequeño empieza con la alimentación complementaria y comienza a consumir carne, cereales, frutas y verduras, alimentos que aportan proteínas. Por tanto, no sería tan necesaria si el bebé se ha adaptado perfectamente al resto de alimentos.

LACTANCIA ARTIFICIAL
Cómo elegir la leche de inicio para bebés lactantes

Este artículo se publica solo con fines informativos. No puede ni debe sustituir la consulta a un Médico. Le aconsejamos consultar a su Médico de confianza.

Escrito por

Editora de Gaia Media Magazines y responsable de publicidad, es también redactora de Natursan. Actualmente estudia Dietética y Nutrición en ICSE (Instituto Canario Superior de Estudios), y ha cursado estudios de Psicología en la UNED (Universidad de Educación a Distancia) y Terapia Gestalt por el Instituto de Gestalt de Canarias.