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Enfermedades

Hepatitis B: qué es, causas, síntomas y tratamiento

La hepatitis B es una infección vírica del hígado causada por el virus de la hepatitis B (VHB). Descubre cuáles son sus síntomas, cómo se transmite y cómo se trata.

Aunque la hepatitis C es considerada como una de las infecciones hepáticas más graves, especialmente por ser una afección crónica y sin cura que puede llegar a progresar a estadios más graves (como cirrosis, insuficiencia hepática y/o cáncer de hígado), la hepatitis B también es otra infección hepática grave.

En esta ocasión, se trata de una infección causada por el virus de la hepatitis B, también conocido médicamente como VHB. Aunque no tiende a ser una afección crónica, para algunas personas sí puede llegar a volverse crónica, lo que aumentará finalmente el riesgo de sufrir otras patologías más serias y graves.

¿Qué es la hepatitis B?

La hepatitis B es una infección vírica del hígado (esto es, una infección hepática causada por un virus), ocasionada por el virus de la hepatitis B (VHB). Aunque se trata de una infección que tiene tratamiento y que puede ser prevenida mediante la administración de la vacuna, de acuerdo a la OMS se trata de una “infección hepática potencialmente mortal”, especialmente cuando ésta tiende a volverse crónica.

De hecho, no existe cura si ya se padece hepatitis B, aunque es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, las personas infectadas con este virus tienden a recuperarse por completo, aún cuando sufran síntomas graves o muy graves.

Qué es la hepatitis B

Cuáles son los síntomas de la hepatitis B

En primer lugar, debemos tener en cuenta que los primeros síntomas de la hepatitis B tienden a aparecer entre 1 a 4 meses después de la infección. No obstante, se han observado casos en los que los signos o síntomas aparecen apenas dos semanas luego de la infección.

Descubre: Hepatitis crónica, síntomas, causas y tratamiento

Se estima que el periodo de incubación medio de este virus de aproximadamente 75 días, aunque puede oscilar entre los 30 a los 180 días. En este sentido, el virus de la hepatitis B puede ser detectado entre 30 a 60 días tras la infección, y éste es capaz de sobrevivir al menos 7 días fuera del organismo de la persona infectada.

¿Y cuáles son esos síntomas? Los más habituales son los siguientes:

  • Dolor abdominal y molestias abdominales.
  • Fiebre y dolor articular.
  • Orina de color oscuro.
  • Pérdida de apetito, unido a náuseas y vómitos.
  • Ictericia (la piel y la parte blanca del ojo se tornan amarillos).
  • Fatiga, sensación de cansancio crónico y debilidad.

¿Cómo se contagia y cuáles son sus causas?

Debemos tener en cuenta que el virus de la hepatitis B se encuentra fundamental y principalmente en la sangre, aunque también lo encontramos -en menor medida- en la saliva, el semen y otros fluidos corporales.

¿Y cómo se transmite el virus de la hepatitis B? A través del contacto directo con fluidos corporales infectados, ya sea a partir de un pinchazo con una aguja o por vía sexual (esto es, por contacto sexual con una persona infectada).

Cómo se transmite la hepatitis B

Además, el virus se transmite con facilidad de la madre al niño durante el momento del parto (lo que médicamente se conoce como transmisión perinatal). En estos casos, la infección crónica es muy habitual en lactantes infectados antes de los 5 años de edad. También es común la infección de un niño infectado a un niño sano durante los 5 primeros años de vida, si se entra en contacto con sangre infectada.

Como vemos, el virus de la hepatitis B no se contagia mediante comida o agua contaminadas, como sí ocurre con el virus de la hepatitis A.

¿Cómo se trata?

Cuando la infección de la hepatitis B está en su fase aguda no existe un tratamiento médico específico, aunque la Organización Mundial de la Salud aconseja el tratamiento a base de medicamentos orales como entecavir o tenofovir, por ser los más potentes para suprimir este virus.

No obstante, en la mayoría de las personas infectadas el tratamiento médico no es capaz de curar la infección, sino que suprime la replicación del virus. Por este motivo, el tratamiento médico debe continuarse durante toda la vida.

Si la infección se vuelve crónica, es posible tratarla con medicamentos mediante agentes antivirales orales, con el objetivo de ralentizar que la infección se torne más grave, como por ejemplo desembocar en cirrosis o en un cáncer de hígado.

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