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Remedios para la piel atópica

Si habitualmente vives con dermatitis atópica es bastante probable que ya hayas descubierto lo que significa tener que estar, constantemente, buscando alivio para calmar la incómoda picazón, el enrojecimiento de la piel, y los picores asociados al mismo. También es probable que, de hecho, hayas probado una amplia variedad de productos. Sin embargo, la realidad es que algunos productos o artículos pueden acabar provocando en la piel aún más irritación y sequedad. ¿El resultado? Es más que evidente: los síntomas empeoran, pudiendo surgir incluso brotes aún más fuertes.

Pero no debes perder la esperanza. Y es que además de medicamentos especialmente prescritos para pieles atópicas, lo cierto es que existen diferentes remedios naturales que puedes probar fácilmente en casa, y que se caracterizan no solo por ser efectivos, sino por algo aún más importante: tienden a ser seguros, algo que es de agradecer, sobre todo si luego de probar algún producto que -en teoría- era útil para tratar la piel atópica, tuvo como resultado un empeoramiento de los síntomas.

Remedios para la piel atópica

Te ofrecemos en esta ocasión distintos remedios caseros útiles para la piel atópica, que son ideales, por tanto, para reducir todos los síntomas y todas las molestias causadas habitualmente por la dermatitis atópica. Eso sí, antes de probar nuevos remedios caseros, si ya te encuentras tomando algún tipo de medicamento o fármaco recetado específicamente para el tratamiento de la piel atópica, es aconsejable consultar con tu médico (o dermatólogo).

Aceite de onagra

No hay duda que el aceite de onagra es una auténtica maravilla para el cuidado natural de la piel, aunque es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, tiende a ser más conocida por sus cualidades en la salud femenina (sobre todo cuando es tomada en forma de cápsulas, ya que por ejemplo es ideal a la hora de aliviar los dolores menstruales e incluso los síntomas asociados con la menopausia).

Pero volviendo al caso que nos ocupa, cuando se aplica tópicamente el aceite de onagra es comúnmente utilizada para calmar la piel irritada y el picor tan común en este tipo de dermatitis, por lo que es también sumamente útil en caso de pieles atópicas, dado que la irritación, la inflamación y el enrojecimiento suelen ser, en definitiva, síntomas comunes de esta condición cutánea.

De hecho, cuando se toma por vía oral puede ser incluso tremendamente útil para el tratamiento de afecciones inflamatorias sistémicas, como ocurre por ejemplo con el eccema. Y es que al ser rico en ácidos grasos omega-6 y en ácidos gamma-linoléicos, puede desempeñar un papel interesante y beneficioso en la prevención de la inflamación en el organismo. 

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Avena coloidal

Quizá tiendas a consumir avena habitualmente, ya sea en el desayuno (por ejemplo en forma de porridge), o en la merienda. Si es así, enhorabuena, ya que se convierte en uno de los alimentos -y particularmente uno de los cereales- que todos deberíamos tomar diariamente.

Pero, aún así, es probable que te hayas preguntado qué es la avena coloidal. Lo cierto es que la avena coloidal es avena molida finamente, que podemos encontrar disponible en polvo o en forma de crema, y es ideal para ayudar a calmar y suavizar la piel inflamada.

¿Y cómo usarla? En realidad es muy sencillo: solo tienes que agregar el polvo de avena coloidal al agua tibia del baño, y permanecer en el baño con el cuerpo cubierto durante al menos 15 minutos. Es un remedio natural ideal para aliviar la incómoda y molesta picazón, así como para suavizar la piel áspera.

Luego del baño solo tendrás que secarte la piel con suaves palmaditas (en lugar de con una toalla de tela áspera), y aplicar una capa gruesa de humectante hipoalergénico con un alto contenido en aceite.

Eso sí, en caso de no disponer de avena coloidal en casa puedes optar por añadir al agua del baño un poco de avena cruda, o un poco de bicarbonato de sodio.

Aceite de coco

El aceite de coco es otra maravilla para el cuidado natural de la piel, el cual se extrae a partir de la trituración de la carne de coco. Y es ideal para el tratamiento de la piel atópica porque actúa como un excelente humectante natural.

Además, sus cualidades no quedan aquí, puesto que proporciona beneficios antibacterianos verdaderamente útiles, pudiendo reducir la presencia de bacterias estafilococos en la piel, por lo que ayuda a prevenir que se produzca algún tipo de infección cutánea (cuyo riesgo aumenta peligrosamente cuando se sufre de piel atópica, y cuando, sobre todo, los brotes tienden a ser muy habituales).

Por tanto, es una opción excelente, dado que las personas con dermatitis atópica pueden tener constantemente la piel inflamada, la cual puede agrietarse y superar, permitiendo por tanto que las bacterias entren y terminen originando la infección.

Eso sí, a la hora de aplicarlo sobre la piel lo más recomendable es usar aceite de coco virgen -o prensado en frío- puro, evitando aquellos que contengan productos químicos en su composición (lo podrás comprobar fácilmente al leer el etiquetado del producto, en la parte relacionada con los ingredientes que se han podido utilizar para su elaboración).

Descubre: La alimentación más adecuada para la piel atópica

Aceite de girasol

El aceite de girasol es otro producto natural útil a la hora de reducir los síntomas de la dermatitis atópica, aunque es cierto que se convierte en una opción casera menos conocida, en comparación con otras sobre las que ya te hemos hablado en los apartados anteriores.

Se extrae a partir de las semillas de girasol, y algún estudio ha demostrado que es útil para proteger la capa externa de la piel (epidermis), ayudando a la hora de mantener la humedad.

Y sus cualidades no quedan aquí, puesto que el aceite de girasol también ayuda a aliviar la picazón y la inflamación tan comunes en caso de pieles atópicas. Y no solo eso, sino que, además, es adecuado para hidratarla naturalmente.

Su aplicación sobre la piel es aún más sencilla si cabe (especialmente si lo comparamos con el aceite de coco), dado que basta simplemente con ponerlo directamente sobre la piel, sin diluir. Eso sí, es preferible intentar hacerlo siempre después del baño, cuando la piel aún está húmeda.

Aceite de girasol para la piel atópica

Aceite de onagra

El aceite de onagra es un tipo de aceite vegetal muy conocido por sus cualidades para la salud femenina, pero que también puede ser de muchísima ayuda en caso de pieles atópicas. Se obtiene a partir de las semillas de las flores de la onagra, una planta nativa de América del Norte, y que habitualmente se suele usar para el tratamiento de las hemorroides y de las contusiones.

De hecho, aplicada de manera tópica sobre la piel irritada puede ser de cierta ayuda a la hora de calmarla, así como de disminuir la inflamación. Por otro lado, tomada en forma de cápsulas puede ayudar a tratar la piel atópica, gracias a que contiene ácidos grasos omega-6 y ácido gamma-linolénico, útiles en la prevención de la inflamación del organismo.

Hamamelis y caléndula

El hamamelis es un remedio natural excelente que se elabora a partir de la corteza y de las hojas del arbusto con el mismo nombre. De hecho, durante siglos se ha venido usando como remedio tópico para tratar y calmar la inflamación de la piel. En este sentido, a menudo se utiliza para calmar la piel inflamada, aliviar la picazón y secar aquellas áreas que supuran.

Por otro lado, la caléndula ha demostrado también ser de enorme utilidad, y en forma de crema se constituye como un maravilloso remedio herbal, que durante siglos también se ha venido utilizando como remedio popular para curar la inflamación, los cortes y las quemaduras de la piel.

Aunque por el momento no existen muchas investigaciones acerca de sus cualidades reales cuando es aplicada sobre la piel, los expertos creen que mejora el flujo sanguíneo en las áreas donde existe lesión o inflamación, por lo que ayudaría positivamente a la hora de combatir infecciones y a hidratar la piel.

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Toallitas y compresas frías

Si tienes la piel irritada a causa de la dermatitis atópica, un remedio natural eficaz es colocarte en la zona afectada una toallita o compresa fría, dejándola actuar durante cinco a diez minutos.

Baños tibios con humectante

Aunque ya te hablamos sobre los baños tibios y, particularmente, con la aplicación de avena coloidal en el agua del baño, lo cierto es que debemos hacer especial mención a éstos porque pueden ayudar muchísimo a la hora de controlar la dermatitis atópica en casa.

En especial si añadimos un producto humectante al agua, ésta no está muy caliente (lo ideal siempre es que esté tibia), y que no dure más allá de 10 o 15 minutos. Por otro lado, es también fundamental aplicarte inmediatamente un humectante sobre la piel, aún húmeda.

Técnicas de relajación

Quizá te preguntes, tras haber llegado hasta aquí, como un método de relajación (que no un producto aplicado directamente sobre la piel) puede ayudar a la hora de tratar los síntomas asociados con la piel atópica. Pero, ¿y si te decimos que el estrés suele ser un desencadenante común de dermatitis atópica?.

Aunque no está del todo claro por qué ocurre, los expertos creen que el estrés juega un papel importante en el desarrollo de la inflamación. Por tanto, utilizando técnicas de relajación podemos aprender a lidiar con aquellas situaciones que en determinados momentos nos cause estrés. Es más, se ha comprobado que pueden ser de enorme utilidad para reducir los brotes de dermatitis atópica.

Entre los métodos y técnicas de relajación que pueden ser de utilidad en este sentido, podemos mencionar: la meditación, yoga, las terapias cognitivo conductuales, la respiración profunda, la visualización y el Tai Chi.

Por otro lado, el ejercicio físico también puede ayudar, puesto que es bastante probable que sepas que, practicado de manera regular, puede actuar como un excelente desestresante. Además, nos ayuda a sentirnos muchísimo mejor, más felices y, en definitiva, con un mejor estado de ánimo.

Maravilloso baño de avena

La conocida como avena coloidal consiste en un tipo particular de avena hecha a partir de avena finamente molida. Aplicada sobre la piel puede ser de muchísima ayuda a la hora de calmar la irritación y suavizar la piel inflamada. Además, la puedes encontrar fácilmente en forma de polvo o crema.

¿Y cómo usarlo? Únicamente necesitas un poco de avena coloidal en polvo. Pon agua en una bañera, pero recuerda evitarla cuando esté caliente. Simplemente déjala hasta que se vuelva tibia. Luego, añade el polvo de avena coloidal al agua (bastará con una o dos cucharadas soperas), y luego remójate en el agua durante 10 a 15 minutos aproximadamente.

Avena para la piel atópica

Después del baño, y con la piel aún húmeda, aplícate una capa gruesa de tu humectante favorito (puedes usar algún aceite vegetal útil en este sentido, como por ejemplo podría ser el caso del aceite de coco), o cualquier otro humectante con alto contenido en aceite.

En caso de que no dispongas ahora mismo de avena coloidal, pero sí de copos de avena, ¿sabías que puedes aprender a prepararla rápidamente y en apenas unos pocos minutos? Únicamente debes colocar el equivalente a 1 taza de avena en un procesador de alimentos, molinillo de café o en una licuadora.

Procesa y muele hasta que los copos de avena se hayan convertido en un polvo consistente pero muy fino. Es importante que adquiera esta textura, ya que en caso contrario no se mezclará bien con el agua, y terminará por acumularse en el fondo de la bañera, no proporcionando muchos de los beneficios calmantes y antiinflamatorios que debería aportar.

No obstante, si tienes dudas acerca de si la consistencia que ha adquirido la avena es verdaderamente la adecuada para su uso en el baño, puedes optar por añadir una cucharada del polvo en un vaso de agua tibia. Si es absorbida rápidamente en el agua tendrá la textura ideal. En caso contrario, será necesario continuar moliéndola un poco más. 

¿La miel de manuka puede ayudar?

La miel es un maravilloso alimento de origen cien por cien natural, que como hemos visto, desde muy antiguo se viene utilizando como tratamiento terapéutico, y también como remedio natural para una amplia diversidad de trastornos y afecciones (tanto internas como externas, en la piel).

Es una opción excelente por sus cualidades hidratantes. Aunque en los últimos años se ha vuelto enormemente popular un tipo de miel que, según parece, propondría una mayor cantidad de beneficios: la miel de manuka.

En este sentido, un estudio publicado en el año 2017 encontró que se convierte en un constituyente esencial para la regeneración de los tejidos, y ayudaría no solo a la hora de hidratar la piel, sino de limpiarla y reducir la presencia de manchas, proporcionando un brillo natural a la piel. 

Por tanto, de acuerdo a la investigación existente hasta el momento, parece que la miel de manuka podría ser sumamente interesante para tratar la piel atópica y la dermatitis atópica. De acuerdo a un estudio publicado en el año 2018, la miel podría ser de muchísima utilidad en este sentido gracias a sus propiedades antiinflamatorias y antibacterianas, siendo útil para reducir o minimizar al máximo la hinchazón y el enrojecimiento.

Aunque es cierto que la mayoría de las mieles son conocidas por sus propiedades antimicrobianas, en el caso de la miel de manuka se convierte en una de las más interesantes gracias a su actividad antimicrobiana sin peróxido, gracias concretamente a que posee una mayor concentración de dicarbonilo metilglioxal, y porque liberaría peróxido de hidrógeno. Por ello ayuda a la reparación de las heridas, pudiendo ayudar a sanar los parches relacionados con la dermatitis atópica.

La miel de manuka también podría funcionar como un emoliente muy espeso, ayudando a atrapar la humedad en la piel sin dejar que se escape. Esta cualidad es fundamental para las personas con dermatitis o piel atópica, dado que se enfrentan a un tipo de piel que no es capaz de retener la hidratación, lo que evita que pueda permanecer protegida contra la acción de determinados irritantes, como los alérgenos, o las bacterias.

No obstante, a la hora de utilizar tanto la miel de manuka como cualquier otro tipo de miel es imprescindible tener cierto cuidado, puesto que es posible tener una reacción alérgica, en especial cuando se es alérgico al polen o a las abejas. En este aspecto, y como habitualmente haces con cualquier otro producto nuevo para el cuidado de la piel, una buena idea es hacer primero una prueba en una parte pequeña de la piel, y esperar algunos minutos para comprobar si se produce o no algún tipo de enrojecimiento o irritación.

Si no pasa nada, entonces podrás aplicártela en las zonas de la piel que desees tratar, sin temor a que surja ningún tipo de reacción.

¿Qué es la piel atópica y cuáles son sus principales causas?

Es común que todos tengamos alguna picazón en la piel de vez en cuando, ya que en determinados momentos puede volverse sensible y secarse con una mayor facilidad. Incluso aunque tengamos la piel grasa, esto no impide que a lo largo del año, como consecuencia de los cambios estacionales y la existencia -por ejemplo- de mayor humedad o sequedad en el ambiente, se vuelva reseca y la aplicación de cremas hidratantes sea fundamental, en especial a la hora de aliviar los síntomas más molestos y comunes.

En el caso de la piel atópica, sin embargo, nos encontramos ante un tipo de piel que siempre es así. Es decir, la mayor parte del tiempo la piel tiende a picar, resecarse con demasiada facilidad, y también pueden surgir diferentes erupciones cutáneas junto con enrojecimiento.

La piel atópica, como ya te hemos comentado en algún que otro momento, suele ser conocida también bajo el nombre de eccema, o dermatitis atópica. Es más, es muy habitual que la mayoría de las personas tengan sus primeros síntomas antes de los 5 años de edad (entre los bebés, por ejemplo, la piel atópica puede llegar a ser bastante común en algunos casos). De hecho, los más pequeños pueden tener áreas enrojecidas, con costras y partes de la piel escamosas, sobre todo en las piernas, en la parte delantera de los brazos y también en el cuero cabelludo.

Por otro lado, es cierto que tanto los niños como los adultos suelen sufrir de erupciones rojas que tienden a causar una incómoda y molesta picazón, en particular en los pliegues del codo, en las rodillas y en la parte posterior del cuello. La piel también suele volverse escamosa, y pueden surgir algunos bultos. Mientras que las erupciones cutáneas también pueden formarse en las muñecas, antebrazos y en la cara.

Como consecuencia de esa molesta e incómoda picazón, cuando la persona con piel atópica se rasca las zonas afectadas, es igualmente común que la piel adquiera una textura gruesa y áspera, oscura y también cicatrizada. Aún cuando las molestias se puedan sentir a lo largo del día, es más común que empeore por la noche.

Hay que tener cierto cuidado a la hora de rascarse, puesto que puede aumentar el riesgo de infección. Cuando esto ocurre, pueden notarse protuberancias de color rojo, que duelen y que pueden llenarse de pus. Si sucede, es fundamental acudir al médico para que nos prescriba un tratamiento adecuado.

En definitiva, ¿qué síntomas tiende a producir la piel atópica? A continuación te indicamos las señales más comunes: 

  • Piel seca, reseca y que se siente escamosa al tacto
  • Erupciones cutáneas enrojecidas
  • La piel se agrieta. Cuando esto ocurre puede doler e incluso llegar a sangrar
  • Se forma un pliegue de la piel en las palmas de las manos, o debajo del ojo
  • Alrededor de los ojos, la piel puede oscurecerse

Sobre las causas de la piel atópica, la realidad es que los médicos no están del todo seguro de cuál es la causa original que influye en su aparición, aunque sí se conocen algunos factores que pueden relacionarse. Por ejemplo, se cree que podría tener algún factor hereditario o genético, puesto que se suele dar en varios miembros de la familia. Así, si los padres o los hermanos lo tiene, es muy probable de que tú o tu hijo/a también lo tengan.

También es habitual la existencia de miembros en la familia con alergias, asma o fiebre del heno. Por este motivo, algunos médicos consideran que esto hace a los niños con la piel atópica mucho más propensos a contraer este tipo de piel. Además, se sabe que alrededor de la mitad de los niños con piel atópica también padecerán asma o fiebre del heno (también conocida como rinitis alérgica, suele ser una afección estacional en la que se irrita o se inflama la nariz a consecuencia de la alergia).

El clima que exista en el lugar donde vivamos también puede influir mucho. Por ejemplo, en lugares donde a menudo haya frío y un exceso de humedad, o demasiada contaminación ambiental, pueden aumentar las posibilidades de tener piel atópica. 

En el caso particular de la dermatitis atópica, aún cuando la piel permanezca perfectamente bien durante mucho tiempo, algunos factores o elementos pueden acabar causando la formación de la picazón, sarpullido, erupción o sequedad. Es lo que ocurre con determinados jabones y detergentes fuertes, algunas telas, el polen y/o el moho, la caspa de algunas mascotas (en especial los gatos), el estrés, el aire seco propio del invierno, el humo del tabaco, las duchas o los baños largos o calientes, y el polvo o la arena.

Cómo cuidar la piel atópica fácilmente: consejos útiles

1. Utiliza humectantes naturales

Dado que la piel atópica se caracteriza por ser muchísimo más seca, el objetivo es utilizar siempre aquellos productos que ayuden a la hora de aliviar la picazón, y sobre todo, a retener mejor la humedad. En este sentido, determinados aceites de origen vegetal parecen ser ideales.

Es el caso, por ejemplo, del aceite de coco, el cual es sumamente útil no solo para reducir la presencia de bacterias en la piel, sino para humectar el área donde lo apliquemos, actuando a su vez como una maravillosa -y aromática- barrera protectora. Para aplicarlo solo tienes que ponerte un poco de aceite de coco virgen, o aceite de coco prensado en frío, directamente sobre la piel. ¿Lo ideal? Usarlo entre una a dos veces al día, siempre sobre la piel húmeda, para conseguir que su aplicación sea mucho más sencilla y simple.

El aceite de oliva también es otra opción útil. Al igual que el aceite de girasol. Ambos, de hecho, pueden ayudar a reducir la inflamación cutánea habitualmente relacionada con la piel atópica, y puede mejorar la barrera protectora -y natural- de la piel. Lo más adecuado también es aplicarlos dos veces al día, con la piel húmeda.

2. Aplícate crema hidratante

Además de un buen humectante, como alguno de los que te hemos propuesto en el apartado anterior (aceite de coco, aceite de oliva o aceite de girasol), también es muy buena idea utilizar cada día una crema con cualidades hidratantes. Pero, en esta ocasión, no vale cualquier crema que encuentres en la farmacia o en tu tienda de estética favorita.

Es imprescindible que sea una crema hidratante de consistencia espesa. Aunque es cierto que puedes usar únicamente aceite vegetal con la piel húmeda, inmediatamente después de haberte bañado o duchado, la crema hidratante espesa es también muy útil, por lo que puedes añadir uno u otro en tu rutina diaria de cuidado de la piel.

3. Trata de usar ropa de algodón

Determinadas telas pueden influir en la aparición de brotes de dermatitis atópica, por lo que escoger la ropa incorrecta puede acabar irritando la piel todavía más si cabe. En el caso de la piel atópica, si además has tenido dermatitis, es posible que en algún que otro momento hayas notado que el sudor puede ser uno de los principales «culpables» del desencadenamiento de un brote.

Por suerte, sustituir determinadas telas por ropa de algodón, la lana o por telas sintéticas capaces de absorber mejor la humedad, pueden convertirse en una excelente opción. 

4. Evita el polvo

Si existe un alérgeno común habitualmente relacionado con una enorme diversidad de reacciones alérgicas esos son los ácaros del polvo. Como probablemente sepas, el polvo suele adherirse con demasiada facilidad a alfombras, cortinas y persianas, sin contar con los propios muebles en sí.

Limpiar más a menudo estas superficies puede ser de mucha utilidad, aunque en ocasiones también podría ser necesario retirar o quitar las alfombras y los tapetes, sobre todo cuando has notado que no te hacen mucho bien.

En el caso de otras telas domésticas que también pueden acumular bastante polvo, como podría ser el caso de las fundas de almohada, sábanas y toallas del baño, lo ideal es lavarlas al menos una vez por semana, siempre con agua caliente.

5. Escoge el detergente más adecuado

Como hemos visto, determinados detergentes muy fuertes pueden influir en los brotes asociados a la piel atópica, dado que pueden terminar irritando la piel. No solo es esencial utilizar el detergente más recomendado, sino evitar siempre usarlo en exceso, dado que puede terminar ocasionando la formación de residuos persistentes tanto en la ropa de cama como en nuestra propia ropa. 

Una opción útil y sumamente recomendada es ejecutar un segundo ciclo de enjuague. O, bien, añadir vinagre de manzana al cielo de enjuague cuando los residuos presentes en la tela terminen siendo una causa habitual de irritación de la piel.

En caso contrario, también puedes optar por usar un detergente libre de fragancias y colorantes, dado que suelen ser dos de los elementos principales habitualmente relacionados con la irritación de la piel.

6. Evita los baños calientes (y muy largos)

Aunque los baños calientes pueden ser enormemente relajantes, son malos compañeros cuando tienes la piel atópica, por lo que bajar la temperatura del agua cada vez que te vayas a bañar, o a duchar, es cuanto menos fundamental. ¿Lo mejor? Sustituir el agua caliente por agua tibia. En definitiva, es interesante tocar siempre el agua antes de sumergirte en ella, y evitarla siempre cuando aún está caliente.

Por otro lado, el tiempo que permanezcas dentro del agua -o duchándote- es igualmente importante, dado que un exceso de humedad puede terminar resecando la piel todavía más. Lo más adecuado en estos casos es optar por duchas y baños cortos, de no más de 15 minutos, como mucho.

Baños tibios para la piel atópica

7. Otros consejos útiles que te serán de mucha ayuda

Además de seguir los tips que te hemos propuesto a lo largo de los apartados anteriores, también existen otras opciones útiles que pueden servir igualmente de bastante ayuda, en particular a la hora de aliviar o evitar algunos de los peores síntomas relacionados con la piel atópica. Toma nota:

  • Cálmate y relájate. Aunque no lo creas, algunos de los peores brotes relacionados con la piel atópica pueden estar causados por el estrés. Por este motivo, cuando estamos estresados en el trabajo en nuestro día a día, es muy común que los brotes relacionados con la piel atópica terminen apareciendo tarde o temprano. Una opción interesante sería intentar aprender algunas técnicas útiles para saber manejar el estrés. O bien, cuando estemos estresados, ansiosos o nerviosos, practicar un poco de meditación o de yoga durante al menos 5-10 minutos será suficiente para calmarnos.
  • Aléjate del polen. El polen es considerado como uno de los alérgenos ambientales más comunes. Lo fundamental es verificar cuál es el pronóstico local de polen cada vez que vayamos a salir de casa, ya que en caso de ser demasiado concentrado y elevado, si fuera posible, quizá lo mejor sea quedarse dentro, especialmente en los peores días. También es útil mantener las ventajas cerradas, para alejar tanto el polen como el polvo fuera de casa (al menos, en mayor medida). Y cuando salgas, al llegar darte una ducha rápida, lo que te ayudará a eliminar cualquier alérgeno o irritante que tengas en la piel.
  • Piensa en usar un humidificador. Especialmente si vives en un clima seco y fresco, usar un humidificador durante los meses de invierno puede acabar siendo de bastante ayuda, en particular un humidificador de vapor en frío, útil para ayudar a que los niveles de humedad se mantengan constantes en el interior de casa.

¿Y a la hora de hacer ejercicio físico?

En caso de piel atópica, o dermatitis atópica, el sudor suele ser un enemigo invisible. Lo que puede hacer que la práctica de ejercicio físico, o en definitiva de cualquier tipo de actividad deportiva, acabe convirtiéndose en un serio problema. Aún cuando la práctica regular de ejercicio puede ser de utilidad para mejorar nuestro estado de ánimo y aliviar el estrés.

Si tienes dermatitis o piel atópica, es muy probable que ya hayas descubierto que el sudor y el calor producen que la piel pique y se vuelva roja. Pero esto no significa necesariamente que tengas que dejar de practicar ejercicio físico. Al contrario, recuerda que el deporte y el ejercicio s fundamental a la hora de disfrutar de una buena salud.

Cuando hacemos ejercicio, es común que nuestro cuerpo sude con el fin de ayudar a regular la temperatura corporal. A medida que el sudor se evapora de la piel, el cuerpo empieza a deshidratarse. De esta forma, cuanto más sudor se evapore, más seca se volverá la piel.

Por otro lado, el calor es otra de las causas comunes de brotes en la piel atópica. Y no solo en verano, puesto que la temperatura corporal también tiende a aumentar cada vez que realizamos algún tipo de ejercicio físico intenso.

¿Qué hacer? Llevar con nosotros una toalla mientras practicamos ejercicio físico puede ayudarnos a limpiarnos el sudor a medida que se va acumulando. En el caso del calor, siempre que fuera posible, podría ser útil mantener cerca una botella de agua, para hidratarnos debidamente, y llevar a cabo descansos frecuentes para ayudar a que nuestro cuerpo se refresque.

Utilizar ropa 100% algodón transpirable podría ser también de muchísima ayuda, especialmente para la camiseta, la ropa interior y los propios calcetines, gracias a que el algodón, al ser un tejido cien por cien natural, brinda la posibilidad de que pueda pasar una mayor cantidad de aire, manteniendo el cuerpo más hidratado. 

No es adecuado usar ropa ajustada, puesto que acabará por atrapar el sudor y el calor, aumentándolo. Lo aconsejable, por tanto, es sustituir la ropa ajustada (muy común y habitual en la práctica deportiva), por ropa cómoda y ligera, pero suelta, que nunca esté pegada al cuerpo.

Cómo evitar los brotes fácilmente

Cuando se tiene piel y dermatitis atópica, no hay duda que los brotes pueden acabar convirtiéndose en una de las partes más frustrantes, en particular cuando no se pueden evitar o reducir, a pesar de seguir un plan de prevención recomendado donde la rutina de cuidado de la piel puede ser, en al mayoría de las ocasiones, de muchísima ayuda.

Evitar los desencadenantes se convierte en una de las recomendaciones esenciales, dado que consisten en aquellos elementos que ocasionan que la piel reaccione de la manera como lo hace, haciendo que se vuela seca, escamosa, enrojecida y con una incómoda y molesta picazón.

Como ya te hemos comentado, los desencadenantes pueden ser internos (es decir, los que provienen directamente desde el interior del cuerpo), o externos. Mientras que el estrés y las alergias alimentarias suelen ser algunos de los principales desencadenantes internos, los alérgenos o determinadas sustancias irritantes influyen de manera externa, inmediatamente después de entrar en contacto con la piel y provocar un doloroso brote.

De ahí que conocer cuáles son los distintos desencadenantes que influyen en la aparición de los brotes es de vital importancia, ya que es clave a la hora de controlar los síntomas. ¿Y cuáles pueden ser?:

  • Evita los irritantes físicos. Si tienes la piel atópica, es muy probable que ya te hayas percatado de algo: cada vez que entras en contacto con algún irritante físico, la piel empieza a arder o a picar de manera casi inmediata, y enrojecerse con demasiada facilidad. Si bien es cierto que existen muchísimos irritantes que podemos encontrar dentro (domésticos) y fuera de casa (ambientales), los más comunes suelen ser las fibras sintéticas, jabones, productos de limpieza, detergentes, lana, arena y polvo.
  • Evita la exposición a los alérgenos. Como ya hemos visto, el polen, los ácaros del polvo o el moho pueden influir muchísimo, empeorando los síntomas. Si tienes mascotas en casa, tampoco nos podemos olvidar de la caspa animal, en particular tanto gatos como perros. Una opción aconsejable es tratar siempre de mantener la casa lo más libres posible de alérgenos, por ejemplo aspirando las alfombras y las telas de los sillones, y lavando cada dos o tres días las telas, sábanas, mantas y toallas de baño. En caso de que seas sensible al polvo, y tengas muchos libros en casa, es imprescindible limpiarlos cada cierto tiempo con la ayuda de un paño atrapapolvo.
  • Cuidado con algunos alimentos. Se sabe que determinadas alergias alimentarias están especialmente relacionadas con el desencadenamiento de un brote, como podría ser el caso de algunos de los alérgenos alimentarios tremendamente comunes en nuestro día a día, como los huevos, la leche, el trigo, los mariscos, los cacahuetes (maní) o la soja.

Cómo tratar la piel atópica

La piel atópica es un tipo de piel en sí mismo, lo que significa que no se puede curar. Lo único que se puede hacer es aliviar los brotes y los síntomas asociados cada vez que surjan, y además, evitar todos aquellos factores que pueden influir en ellos.

Evitar los desencadenantes se convierte en algo de vital importancia. Para ello, es imprescindible en primer lugar identificar qué es lo que ocasiona los problemas de la piel, y tratar por tanto de evitarlos al máximo. Podría ser el caso de algunos jabones, o determinadas telas. Si después de utilizarlos surgen erupciones u otros síntomas típicos, es fundamental dejar de usarlos.

Cuidar la piel es igualmente fundamental. Tal y como te hemos explicado detalladamente en el apartado anterior. ¿Cómo? Muy sencillo: mantén la piel debidamente hidratada. Dado que la piel se encuentra más sensible e irritada, lo ideal en estos casos es usar cremas espesas, o lociones y ungüentos que a fin de cuentas contengan poca cantidad de agua. Recuerda también que los baños o duchas muy calientes, o incluso demasiado largos, no son tampoco ideales, puesto que pueden acabar resecando la piel todavía más.

Finalmente, tratar los síntomas asociados a la piel atópica es fundamental cada vez que surgen de nuevo, sobre todo cuando empeoran. Algunos medicamentos, como cremas o lociones con esteroides pueden ayudar cuando la piel atópica se acompaña de brotes leves. Mientras que los fármacos o cápsulas con esteroides suelen ser más aconsejados para los brotes más severos.

También es posible que el médico prescriba otros tratamientos igual de útiles, como antihistamínicos (aconsejados para controlar la picazón, en especial durante la noche), si existe infección antibióticos, y algunos medicamentos para suprimir momentáneamente el sistema inmunitario, para ayudar a reducir los síntomas asociados a la reacción alérgica. 

Christian Pérez

Director y CEO de Gaia Media Magazines, empresa editora de Natursan. Ha cursado estudios de Historia por la ULPGC y de Psicología en la UNED. Apasionado de la nutrición y la vida sana, es creador de contenidos desde hace 11 años. ¡Ah! Y también papá a tiempo completo con 4 años de experiencia.

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Director y CEO de Gaia Media Magazines, empresa editora de Natursan. Ha cursado estudios de Historia por la ULPGC y de Psicología en la UNED. Apasionado de la nutrición y la vida sana, es creador de contenidos desde hace 11 años. ¡Ah! Y también papá a tiempo completo con 4 años de experiencia.

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