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¿Es eficaz el ácido retinoico para las arrugas?

A medida que vamos cumpliendo años es muy habitual que nos preocupe aún más el estado y la apariencia de nuestra piel. Así, no es difícil encontrarnos hoy en día con personas jóvenes -de entre 20 a 30 años-, que ya han empezado a seguir una rutina de cuidado de la piel diaria, utilizando incluso productos cosméticos, de belleza y antienvejecimiento que, hasta hace bien poco, era más común en personas más mayores.

En cualquier caso, esto ofrece, no hay duda, interesantes beneficios, puesto que si empezamos con el régimen de cuidado de la piel a una edad más o menos temprana, significará que nos preocupamos por la salud que tenga nuestra piel. Es decir, tendemos a preocuparnos de forma mucho más consciente y activa, de manera que lo más habitual es que sigamos hábitos y rutinas útiles para su protección y nutrición.

Es eficaz el ácido retinoico para las arrugas

En todo ello también ayuda la revolución que ha sufrido el sector de la belleza en las últimas décadas, en particular en los últimos años. Y es que, hoy en día, es posible encontrarnos con infinidad de productos cosméticos y de belleza para tratar y resolver la mayoría de problemas y condiciones de la piel, con independencia del tipo de piel que tengamos. A lo que se le une la facilidad con la que podemos acceder a los mismos: no solo podemos comprarlos incluso en hipermercados y supermercados; también se caracterizan por contar con precios bastante económicos, manteniendo así una excelente relación calidad / precio.

Lo cierto es que ha pasado mucho tiempo desde que, en el año 1971, los retinoides comenzaran a ser introducidos por primera vez como tratamiento para el acné, la psoriasis y algunas señales relacionadas directamente con el envejecimiento (prematuro o natural), como por ejemplo podría ser el caso de las arrugas

De hecho, de acuerdo a la Harvard Health, el primer retinoide que llegó al mercado fue ‘Retin-A’, un tratamiento a base de tretinoína, que en un principio se utilizaba para el tratamiento del acné, hasta que, unos años más tarde, se descubrió que también ayudaba a promover el recambio celular, actuando de manera casi directa sobre las manchas de pigmentación, al desvanecerlas.

¿Qué es exactamente el ácido retinoico, y en qué consiste?

Como ya te explicábamos en el artículo Para qué sirve el ácido retinoico, consiste básicamente en el agente activo tanto de los retinoles como de los retinoides. En este sentido, aún cuando podamos pensar en un primer momento que los retinoides y los retinoles consisten en elementos prácticamente idénticos, la realidad es que sí encontramos ciertas diferencias entre ellos.

Ambos, es cierto, forman parte de la familia de la vitamina A, pero sus intensidades tienden a diferir bastante. De acuerdo a los expertos, los retinoles son, en realidad, una forma más débil de los retinoides, de ahí que sea posible encontrarlos disponibles en forma de venta libre, en farmacias y en tiendas de belleza especializadas. No ocurre lo mismo con los retinoides, que al estar disponibles únicamente en concentraciones más elevadas, solo se pueden adquirir y utilizar mediante receta médica.

A su vez, es tremendamente común no solo confundir los retinoles con los retinoides, sino confundirlos con el ácido retinoico. Por suerte, la distinción entre ambos tiende a ser bastante simple: el retinol y el ácido retinoico (habitualmente conocido como ‘Retin-A’), forman parte de la familia de compuestos derivados de la vitamina A, conocidos bajo el nombre de retinoides. Y, como te comentábamos al comienzo de este apartado, el ácido retinoico es el agente activo de los retinoides y retinoles.

No obstante, únicamente podemos encontrar ácido retinoico en cremas recetadas. Como hemos visto, no ocurre lo mismo con determinados retinoides, de venta libre, precisamente por el hecho de que suelen ser menos potentes, como sucede con los retinoles y el retinaldehído, que una vez aplicados pasan a convertirse en ácido retinoico en el cuerpo, de manera gradual.

Empezando por el principio: ¿por qué se forman las arrugas?

Es inevitable impedir que las arrugas se formen en nuestra piel. Más tarde o más temprano, las arrugas se convierten en una señal evidente de que estamos vivos; y de que, en definitiva, envejecemos a medida que vamos cumpliendo años. El envejecimiento no se puede detener, pero los signos que habitualmente surgen sí podrían retrasarse. Para ello es de vital importancia entender cómo podemos prevenir los principales signos de la edad. Y, para conseguirlo, es fundamental comprender qué es lo que causa la formación de las arrugas.

Nuestra piel está compuesta de tres capas:

  • Epidermis. Es la capa más externa de la piel. Es especialmente rica en queratina, un compuesto que proporciona resistencia al agua y aspereza. Dentro de esta capa se desprenden las células muertas, y es donde encontramos la melanina, que es el pigmento que proporciona color a nuestra piel. Es una capa muy importante, puesto que actúa como una especie de “barrera” para las capas subyacentes. En definitiva, se convierte en la primera línea de defensa del sistema inmunológico de nuestro organismo.
  • Dermis. La encontramos situada debajo de la epidermis. Es una capa dérmica muchísimo más gruesa, compuesta principalmente de grasa, elastina, fibras de colágeno, vasos sanguíneos y nervios. El colágeno, de hecho, ocupa alrededor del 80 por ciento de la dermis, y consiste en una proteína esencial porque es el componente principal del tejido conectivo de nuestro cuerpo, proporcionando a la piel fuerza y firmeza, mientras que la elastina le brinda su capacidad elástica.
  • Tejido subcutáneo. Está compuesto fundamentalmente de grasa. Es, en definitiva, la principal responsable de mantener nuestros órganos internos en su lugar, y de mantenernos a una temperatura más o menos adecuada.

Los diferentes cambios estructurales que ocurren en el interior de estas tres capas son las principales responsables de la aparición de los signos visibles del envejecimiento. El más importante es el conocido como envejecimiento intrínseco, conocido habitualmente como envejecimiento cronológico. Como su propio nombre indica, es el envejecimiento que ocurre naturalmente a lo largo de toda la vida, independientemente de los factores externos que puedan influir, o no.

Es, por tanto, un proceso completamente natural. Aún cuando la mayoría de las personas tendemos a madurar en momentos similares (a partir de una edad concreta), según la herencia esto variaría de un individuo a otro. Por ejemplo, sí se sabe que, a partir de los 20 años de edad, nuestros cuerpos tienden a producir un 1% menos de colágeno cada año.

O, lo que es lo mismo, la producción de colágeno se ralentiza un 1% anualmente. Así, a medida que las fibras tanto de colágeno como de elastina se vuelven más flácidas y gruesas, la piel empieza a perder su capacidad natural para estirarse. Precisamente, debido a este intento de la piel de estirarse de un lado a otro es lo que acaba convirtiéndose en arrugas visibles.

A todo ello se le une que, a partir de esta edad, el proceso natural de exfoliación de nuestro cuerpo igualmente disminuye, por lo que las células muertas de la piel empiezan a acumularse durante períodos de tiempo muchísimo más largos.

Todos estos cambios tienden a volverse más evidentes a partir de los 30 años de edad, cuando la transferencia normal de humedad entre la dermis y la epidermis disminuye, a la par que las células grasas empiezan a encogerse. Todo ello ocasiona que la piel se vea muchísimo más opaca, perdiendo su luminosidad natural. 

A medida que la piel envejece, también pierde su capacidad de producción de aceite (sebo), de forma que la textura de la piel se seca, y las arrugas se vuelven bastante más visibles. Por este motivo, alrededor de los 35 años de edad las conocidas como “patas de gallo” se vuelven mucho más evidentes, puesto que esta área del rostro, además de tener una piel más delgada, sensible y delicada, contiene muy pocas glándulas sebáceas.

El proceso natural de envejecimiento continúa avanzando. Así, a partir de los 40 años de edad la producción de colágeno se detiene. Empiezan a formarse una mayor cantidad de arrugas a medida que las fibras comienzan a romperse y a endurecerse, a la vez que la renovación de las células de la piel continúa ralentizándose. Básicamente el proceso natural de regeneración celular se vuelve cada vez más difícil.

A los 50 años de edad se une la pérdida de grasa que, a lo largo de la vida, se ha ido acumulando y almacenando de forma natural en el tejido subcutáneo. Esto hace que la piel empiece a adelgazarse. En la mujer este proceso se hace aún más evidente si cabe, sobre todo con la llegada de la menopausia, ya que la pérdida de determinadas hormonas (como por ejemplo podría ser el caso de los estrógenos), contribuye aún más al proceso de envejecimiento de la piel, ocasionando que ésta se dañe con una mayor facilidad.

Pero esto no lo es todo: también en la década de los 50 años se produce una disminución tanto en los vasos sanguíneos como en la circulación, afectando de forma ciertamente negativa a la apariencia de la piel del rostro.

No obstante, a pesar de todo lo indicado hasta el momento, ¿sabías que, en realidad, la mayor parte de las arrugas se producen como consecuencia de los efectos relacionados directamente con el conocido como envejecimiento extrínseco? Consiste básicamente en un tipo de envejecimiento que se refiere a las influencias ambientales, las cuales, de hecho, son las principales responsables de crear algunas de las señales más dramáticas de la edad.

La contaminación ambiental, por ejemplo, suele influir muchísimo. Destacan especialmente los radicales libres, que causan daños cuando extraen electrones de otras moléculas de nuestro cuerpo, alterando tanto el funcionamiento biológico como las estructuras químicas del organismo, acelerando con ello el proceso de envejecimiento. ¿Y por qué influye la contaminación ambiental? Básicamente porque es una fuente importante de exposición a los radicales libres. De ahí que las enzimas antioxidantes ayuden de forma tremendamente positiva a la hora de protegernos de la acción dañina de los radicales libres.

También existen otros factores externos relacionados. Uno de los menos conocidos, pero no por ello más evidente, es el de mantener determinadas posiciones para dormir, así como realizar expresiones faciales de forma repetida. Estas expresiones, por ejemplo, pueden formar arrugas eventualmente (que se conocen comúnmente como líneas de expresión). Cuando sonreímos, por ejemplo, también se suelen formar arrugas en las comisuras de los labios.

Fumar, además de ser malo para la salud, también lo es para nuestra propia apariencia externa. Por ejemplo, la nicotina que encontramos en los cigarrillos origina un estrechamiento de las células sanguíneas presentes en el interior de la capa más externa de la epidermis. Así, si disminuye el flujo sanguíneo, la piel se ve privada de nutrientes vitales para su nutrición, así como de oxígeno. Como consecuencia, la piel empieza a ceder, y comienzan a formarse arrugas de forma prematura.

No podemos olvidarnos de otro factor que influye muchísimo: la exposición solar. Y es que el fotoenvejecimiento (entendiendo esto como los cambios que se producen como consecuencia de la exposición al sol), se convierte -de hecho- en uno de los mayores culpables de la aparición de las arrugas. Es más, como calculan muchos expertos, ¿sabías que el fotoenvejecimiento es el responsable del 80 por ciento de las arrugas? Este comportamiento se debe fundamentalmente a cómo los rayos UVA actúan sobre la piel. Y es que al penetrar profundamente en la capa dérmica de la piel origina la descomposición del colágeno y de la elastina. A medida que estas proteínas esenciales empiezan a descomponerse, la piel comienza a arrugarse. En este sentido, las arrugas son únicamente un efecto derivado del daño solar

Por este motivo, el fotoenvejecimiento es también una causa directa de problemas de pigmentación, manchas solares y, en casos más graves, influir en el desarrollo del cáncer de piel.

Pero, ¿sabías que el colágeno es esencial a la hora de prevenir la aparición y la formación de arrugas? Por este motivo es fundamental, antes de descubrir e indagar acerca de cuáles son los principales beneficios del ácido retinoico contra las arrugas, conocer por qué el colágeno es tan importante en este sentido.

Causas de las arrugas

¿Por qué el colágeno es tan importante?

El colágeno es una de las proteínas más abundantes en nuestro cuerpo. Es, por así decirlo, una sustancia que mantiene al cuerpo unido, ya que forma una especie de “andamio”, útil para proporcionar estructura y resistencia a nuestro cuerpo. Se produce en todo el organismo, pero es especialmente importante en la piel, los tejidos conectivos y los huesos.

Básicamente consiste en una proteína fibrosa, dura e insoluble, que constituye cerca de un tercio de la proteína presente en nuestro organismo. Actúa como estructura de soporte y células de anclaje entre sí, proporcionando a la piel no solo fuerza, sino también elasticidad.

Es secretado de forma totalmente natural por diferentes células, pero destacan fundamentalmente las células del tejido conectivo. En la dermis, el colágeno es especialmente útil para formar una red fibrosa de células, conocidas con el nombre de fibroplastos, a partir de las cuales pueden crecer nuevas células. A su vez, juega un papel esencial a la hora de restaurar y/o reemplazar las células muertas de la piel, evitando por tanto que se acumulen (obstruyendo los poros y, finalmente, aumentando el riesgo de brotes de acné).

Con el paso del tiempo, a medida que vamos envejeciendo y que vamos cumpliendo años, nuestro cuerpo tiende a producir menos cantidad de colágeno. Esto significa básicamente que la integridad estructural de la piel comienza a disminuir poco a poco. Lo que origina la formación de arrugas. Después de la menopausia la reducción en la síntesis de colágeno es muchísimo mayor. Además, a la edad de 60 años, lo habitual es que también se produzca una disminución considerable en la producción natural de colágeno.

Dado que la reducción del colágeno está a su vez relacionado con la formación de arrugas (y con el propio envejecimiento natural de la piel), es común intentar descubrir si, al menos, existen algunas pautas o trucos que puedan ayudar a la hora de prevenir la pérdida de colágeno (o, al menos, a intentar reducir esta pérdida al máximo posible).

Mantener una dieta lo más saludable y sana posible puede ayudar de forma tremendamente positiva a la hora de que el cuerpo produzca colágeno. En este sentido, existen distintos nutrientes que son de mucha utilidad en este sentido:

  • Vitamina A: La encontramos en determinados vegetales como las zanahorias (especialmente ricas en betacarotenos), y en alimentos de origen animal.
  • Vitamina C: cítricos como las naranjas o limones, fresas, brócoli y pimientos.
  • Prolina: claras de huevo, queso, carne, repollo y productos de soja y derivados.
  • Antocianidinas: presentes especialmente en moras, frambuesas, cerezas y arándanos.
  • Cobre: especialmente rico en mariscos, carnes rojas y nueces.

También existen algunos factores que pueden hacer que el colágeno se vuelva más débil y quebradizo. Por lo que, lo aconsejable, es evitarlos siempre en la medida de lo posible:

  • La exposición solar. Como ya te hemos comentado, los rayos ultravioleta ocasionan que el colágeno se descomponga de forma mucho más rápida, causando una mayor acumulación de elastina, y dañando las fibras de colágeno.
  • Fumar. Muchos químicos presentes en el tabaco (concretamente en el humo de los cigarrillos) dañan el colágeno y la elastina presentes en la piel. Mientras que la nicotina tiende a estrechar los vasos sanguíneos que encontramos en las capas externas de la piel. Así, ésta no puede recibir los nutrientes y el oxígeno que tanto necesita para su salud.
  • Consumo elevado de azúcar. Al igual que seguir una dieta nutritiva y saludable es esencial a la hora de disfrutar, por lo general, de una buena salud (lo que a su vez se traduce en un mejor aspecto de la piel), hacer lo contrario influye igualmente muchísimo, pero de manera negativa. Se sabe que una dieta elevada en azúcar tiende a aumentar la tasa de glicación, que consiste en un proceso en el que los azúcares presentes en la sangre se unen a las proteínas con el fin de formar nuevas moléculas. Estas moléculas dañan a las proteínas situadas más cerca, pudiendo hacer que el colágeno se sequede y se vuelva más débil.

Como hemos visto, la producción de colágeno tiende a disminuir con la edad, por lo que intentar conservarla al máximo es un aspecto elemental a la hora de luchar contra las arrugas (y otras señales relacionadas con el envejecimiento). En este sentido, aún cuando la piel de cada persona es diferente, muchos expertos consideran que la edad de 25 años es un momento ideal para empezar a utilizar ácido retinoico, puesto que es justo la etapa a partir de la cual los niveles de colágeno de la piel empiezan a agotarse.

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Los beneficios del ácido retinoico sobre las arrugas

Tal y como opinan muchos expertos, la clave para disfrutar de una apariencia muchísimo más juvenil consiste básicamente en aumentar la elasticidad y la fuerza de la piel, lo que significa que es imprescindible elevar los niveles de colágeno.

Precisamente, el ácido retinoico aumenta la producción de colágeno, ayudando a desvanecer las líneas de expresión y acelerar el recambio celular. A diferencia de lo que habitualmente se piensa, no se trata de una exfoliación en sí misma, sino que lo que hace es acelerar el cambio entre las células viejas y las nuevas, evitando que las primeras se acumulen, atenuando el brillo natural de la piel u obstruyendo los poros (lo que incrementará, a su vez, el riesgo de brotes de acné, entre otros problemas cutáneos).

Este ácido funciona al difundirse a través de la membrana celular, uniéndose a los receptores presentes en el núcleo de la célula, donde actúa de la misma manera que lo haría un gen, promoviendo el crecimiento celular, todo ello de forma total y completamente natural.

Pero sus cualidades no quedan aquí. Y es que de acuerdo a un estudio publicado en el año 2010 en la edición especializada Aesthetic Surgery Journal, el ácido retinoico también actúa bloqueando la producción de colagenasa. ¿Y en qué consiste la colagenasa? Se trata de una enzima que actúa descomponiendo el colágeno. 

A pesar de sus interesantes beneficios, es muy habitual que durante las primeras dos a cuatro semanas de uso, surjan algunos efectos secundarios para nada despreciables, destacando sobre todo la aparición de enrojecimiento, descamación y sequedad. Si se cumplen las recomendaciones de administración indicadas en el envase que estemos utilizando, o de acuerdo a las pautas del especialista, la piel poco a poco se irá acostumbrando al efecto del ácido retinoico, tolerando su acción hasta no mostrar prácticamente efectos negativos.

En el caso de la tretioína, por ejemplo, pasó a convertirse en el primer retinoide aprobado para el tratamiento de las arrugas. Se trata, como ya hemos visto, de un retinoide recetado que funciona de forma activa al aumentar la producción de una mayor cantidad de colágeno. Pero sus efectos antiarrugas no quedan aquí. Y es que también ayuda a estimular nuevos vasos sanguíneos en la piel, proporcionándole un bonito -y agradable- aspecto rosado, desvaneciendo las manchas que surgen con la edad y reduciendo, a su vez, las manchas precancerosas de la piel conocidas médicamente bajo el nombre de queratosis actínica.

La queratosis actínica consiste en manchas ásperas y escamosas que suelen surgir a medida que envejecemos, principalmente en zonas habitualmente expuestas al sol, como cara, manos y brazos. También son conocidas como manchas solares o manchas de la edad, y se desarrollan precisamente en áreas de la piel que han sufrido daños por años de exposición solar. Ocurren cuando las células de la piel, llamadas queratinocitos, empiezan a crecer de forma anormal, formando manchas descoloridas y escamosas. Aunque por sí mismas no son cancerosas, sí se sabe que pueden acabar progresando a carcinoma de células escamosas. Aún cuando la probabilidad sea verdaderamente baja (apenas un 10 por ciento de las queratosis actínicas que no son tratadas pueden progresar a este tipo de cáncer), muchos dermatólogos aconsejan tratarlas o, al menos, controlarlas regularmente.

En el caso de determinados retinoides, como por ejemplo es el caso de la mencionada tretinoína, se utilizan igualmente no solo para el tratamiento de la queratosis actínica, sino para prevenir los efectos más graves de la radiación ultravioleta.

También actúan neutralizando los radicales libres en la piel, que a la larga pueden estar causando daño al colágeno. Como ya hemos visto, éste es esencial para disfrutar de una piel no solo más fuerte, sino con un aspecto muchísimo más juvenil. Por tanto, además de ayudarnos de manera muy positiva a la hora de preservar nuestras reservas naturales de colágeno, y promover la producción de nuevo colágeno, también neutralizan la acción tan negativa de los radicales libres. Y ese nuevo colágeno durará años, por lo que sus beneficios se mantienen en la piel durante bastante tiempo.

¿Y cómo se traducen todos estos beneficios en la piel? Básicamente el ácido retinoico ayudaría a “rellenar” o reducir la formación de las arrugas ya existentes, así como a evitar que se formen nuevas cuando el tratamiento se sigue -y se mantiene- durante el período de tiempo recomendado. Es más, de acuerdo a una investigación llevada a cabo en Michigan (Estados Unidos), tendría el potencial de detener el fotoenvejecimiento antes de que éste haya comenzado, al evitar -como te hemos indicado ya- el aumento de la colagenasa luego de la exposición a los rayos ultravioleta.

Pero no solo se observan mejoras en las arrugas en sí. También se distinguen beneficios relacionados con los niveles de hidratación, el tono natural de la piel, su textura, la pigmentación en general y, sobre todo, las manchas relacionadas con la edad.

Por otro lado, las células de la piel contienen una serie de receptores retinoides que ayudan a regular el funcionamiento normal de la célula. A medida que vamos envejeciendo, las células tienden a comportarse de forma mucho más errática. Sin embargo, como han encontrado muchos estudios, el uso constante de ácido retinoico ayuda a normalizar las células. Mejora el recambio celular en el interior de los poros, a la vez que reduce la presencia de poros dilatados. Por ello, es menos probable que los poros se obstruyan, y que acaban convirtiéndose en incómodas espinillas o molestos granos. 

¿Ácido retinoico con o sin receta?

Específicamente para la piel envejecida, especialmente para el tratamiento de las arrugas y de otros síntomas relacionados con el envejecimiento, la mayoría de los dermatólogos prefieren recetas ácido retinoico y tretinoína. El ácido retinoico, por ejemplo, es 100 veces más potente que los productos que contienen retinol (y que se pueden adquirir sin receta).

En este sentido, se ha demostrado que la tretinoína funciona muchísimo mejor porque ejerce una capacidad más fuerte a la hora de prevenir y evitar la descomposición del colágeno.

Pero esto no significa que los productos sin receta no sean efectivos. Lo suelen ser, pero para ello es necesario tener cierta paciencia, y también bastante constancia, dado que para ver los resultados esperados es imprescindible aplicar el tratamiento durente un período mayor de tiempo. De hecho, cuando es aplicado sobre la piel, el retinol cambia al ácido retinoico. Así, es necesario al menos 12 semanas de uso para ver resultados. Es decir, los retinoles tardan más en actuar y en trabajar, porque su potencia es muchísimo menor, pero después de un tiempo prudencial de uso, se observan casi prácticamente los mismos beneficios.

Es más, dado que a menudo son combinados con humectantes, los retinoles no son tan irritantes cuando los comparamos con los retinoides, de manera que al contener una formulación muchísimo más débil, también tienden a ser más suaves para la piel.

Muchos expertos recomiendan empezar con un retinol (es decir, de venta libre), para posteriormente aumentar lentamente la dosis de producto, hasta que pueda ser posible comenzar con un retinoide cuyo uso es posible a partir de prescripción médica. 

Lo cierto es que ambas sustancias (tanto los retinoides como los retinoles) forman parte de la familia de la vitamina A, pero sus intensidades difieren bastante. Podríamos definir a los retinoles como una forma más débil de los retinoides. De ahí que pueda ser posible comprar productos con retinoles sin la necesidad de contar con receta médica. De hecho, los retinoides únicamente están disponibles en concentraciones más elevadas.

Recuerda que cuanto mayor sea la concentración, la piel acabará respondiendo más fuerte, con un mayor enrojecimiento y un desprendimiento muchísimo más visible. En cualquier caso, aún cuando en un comienzo estos efectos secundarios puedan preocuparnos, la realidad es que es precisamente esta reacción la que deseamos que se produzcan para poder obtener resultados óptimos. Y, a diferencia de lo que se piensa en un primer momento, el ácido retinoico no es irritante en absoluto.

Por todo ello, una piel sin experiencia en el uso de retinoides o ácido retinoico siempre debe empezar con una concentración baja (al 0.3%), y aumentar luego la concentración (a 0.5% y luego al 1%) a medida que el tratamiento -y el tiempo- avanza. En caso de que la piel sea bastante sensible, lo más adecuado es quedarse únicamente con la formulación al 0.3%. 

La concentración al 1% es ideal para personas que presenten signos visibles de envejecimiento o problemas relacionados con la hiperpigmentación (fotodaño), así como cicatrices causadas por el acné. En cualquier caso, solo es posible obtenerlo mediante receta médica.

Beneficios del ácido retinoico contra las arrugas

¿Cómo añadir el ácido retinoico en la rutina de cuidado de la piel?

Llegados a este punto, es común que te preguntes acerca de qué manera agregar el ácido retinoico a nuestra rutina de cuidado de la piel. Todo dependerá del producto o del tipo que vayas a utilizar. Por ejemplo, si se trata de un retinoide recetado (lo que significa que su concentración será por tanto muchísimo más fuerte o elevada), lo más aconsejable es seguir siempre las indicaciones de administración y recomendaciones dadas por el dermatólogo. En caso de que se trate de un producto de venta libre, para cuyo uso no se precisa de receta médica, es fundamental atender a las instrucciones que posiblemente encontrarás en el envase del producto en cuestión.

Independientemente de que se trate de un producto recetado, o no, antes de añadirlo a la rutina de cuidado de la piel, es fundamental hacer una prueba de parche cutáneo. Esto significa que, antes de usarlo y aplicarlo en grandes cantidades, es conveniente llevar a cabo una prueba con el fin de comprobar si se producen o no reacciones en la piel:

  1. Aplícate primero una pequeña cantidad del producto en un lado del antebrazo.
  2. Cúbrete el área con la ayuda de una venda, y antes de utilizar el resto del producto, espera durante 24 horas.
  3. Si empiezas a experimentar síntomas que podrían indicar la existencia de una reacción (como irritación o inflamación), es la señal de que no deberías utilizar este producto. Sin embargo, si no se ha experimentado ningún síntoma dentro de las primeras 24 horas, entonces es completamente seguro aplicarlo en cualquier otro lugar del cuerpo.

Así, una vez que se haya pasado la prueba de parche, lo recomendable es aplicarte el ácido retinoico cada dos o tres noches, como mucho. ¿Y cuándo hacerlo? Se aconseja usarlo después de limpiarte la piel o tonificarla. Pero siempre antes de aplicarte tu humectante nocturno. Si la piel se siente irritada, lo mejor es usarlo una vez por semana durante un par de semanas, y posteriormente aumentar a cada dos noches.

Recuerda que es normal que al comienzo surjan algunos síntomas molestos. Pueden aparecer algunos efectos secundarios, como una leve irritación o sequedad. 

Por suerte, es muy posible que se puedan reducir los riesgos de efectos secundarios aplicando el producto cada noche, y trabajar de forma gradual para utilizarlo únicamente por la noche. También puede ser de mucha ayuda optar por algún producto que contenga una concentración de retinoides más baja, y así aumentar gradualmente la concentración según sea necesario.

Eso sí, cuando los efectos secundarios continúan, lejos de disminuir, es fundamental suspender el uso de ese determinado producto. Es posible que se deba probar otro tratamiento o terapia antienvejecimiento distinta, o bien, cambiar a un retinoide distinto.

No te olvides tampoco de que las quemaduras solares pueden pasar a convertirse en otro posible efecto secundario, principalmente porque la piel tiende a volverse un poco más sensible. A su vez, si se producen quemaduras, con el tiempo también puede aumentar el riesgo de sufrir una mayor cantidad de manchas relacionadas con la edad, por lo que durante el tiempo que se utilicen retinoides lo recomendable es evitar la exposición solar al máximo. 

No obstante, siempre es posible contrarrestar estos factores de riesgo utilizando cada día un protector solar de amplio espectro, con al menos un factor de protección solar de 30.

Recuerda también que no es aconsejable utilizar retinoides cuando estás embarazada, deseas estarlo, o mientras te encuentres amamantando (es decir, durante la lactancia materna). Si tienes rosácea (una condición que ocasiona la aparición de enrojecimiento, picazón y ardor en la piel) tampoco es aconsejable usarlo.

A la hora de ver los primeros resultados, como ocurre con la mayoría de productos que utilizamos cada día para el cuidado de la piel, es fundamental tener cierta constancia y, sobre todo, tener paciencia. Recuerda que la piel se renueva después de aproximadamente 28 días. Esto significa que las nuevas células cutáneas migran a la superficie de la piel. Después de lo cual podríamos comenzar a ver resultados. No obstante, es imprescindible esperar al menos 12 semanas para ver todos los resultados deseados.

En promedio, puede llegar a tardar entre tres a 6 meses antes de empezar a ver verdaderas mejoras en la piel. Además, los resultados dependen de algunos factores. Puesto que el efecto del retinol se basa principalmente en la capacidad que posee nuestra piel para convertirlo en ácido retinoico activo, no siempre podemos ver resultados rápidos, o al menos consistentes. Y es que, al final, la cantidad de ácido retinoico activo que se han formado se basa no solo en la cantidad de retinol que haya en el producto (es decir, su concentración), sino en la capacidad de nuestra piel para poder convertirlo en ácido retinoico y, finalmente, el tiempo para que ocurra el proceso.

En definitiva, se precisa tiempo para que el retinol pueda convertirse en ácido retinoico, y también se necesita tiempo para que éste se acumule en la piel. Y no te olvides de algo imprescindible: debe siempre incorporarse a la rutina de cuidado de la piel por la noche (recuerda que la molécula se inactiva fácilmente por la acción de los rayos ultravioleta), y aplícatelo de manera consistente. Los efectos surgirán con el tiempo.

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¿El ácido retinoico es también adecuado contra el acné?

Efectivamente, el ácido retinoico es también interesante a la hora de tratar el acné. Debemos recordar que se usó por primera vez en el año 1971 con el fin de tratar el acné en adultos jóvenes, mucho antes de que oficialmente se descubrieran sus beneficios para el cuidado de la piel en general (sobre todo en lo que respecta al tratamiento de las arrugas).

Pero es necesario tener cierto cuidado cuando se está tomando algún medicamento recetado para el acné. ¿Por qué? Determinados ingredientes que encontramos comúnmente en la mayoría de medicamentos anti-acné, como ocurre con el ácido glicólico o ácido salicílico, pueden causar un mayor enrojecimiento e irritación cuando son combinados con el ácido retinoico. Por tanto, antes de usarlo con el fin de tratar problemas relacionados con el acné, es conveniente consultar al médico.

Christian Pérez

Director y CEO de Gaia Media Magazines, empresa editora de Natursan. Ha cursado estudios de Historia por la ULPGC y de Psicología en la UNED. Apasionado de la nutrición y la vida sana, es creador de contenidos desde hace 11 años. ¡Ah! Y también papá a tiempo completo con 4 años de experiencia.

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Director y CEO de Gaia Media Magazines, empresa editora de Natursan. Ha cursado estudios de Historia por la ULPGC y de Psicología en la UNED. Apasionado de la nutrición y la vida sana, es creador de contenidos desde hace 11 años. ¡Ah! Y también papá a tiempo completo con 4 años de experiencia.

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