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15 errores que estás cometiendo al lavarte la cara

Aunque lavarse la cara cada día es sencillo, quizá es posible que estés cometiendo algunos errores que, al final, arruinen tu rutina de cuidado de la piel.

Limpiarse la cara cada día, sobre todo en profundidad, es siempre fundamental, especialmente cuando deseas disfrutar de una piel lo más higiénica, cuidada, nutrida e hidratada posible. Aún cuando no hayamos salido de casa o no hayas utilizado maquillaje, de trata de algo simplemente fundamental. Y es que incluso aunque no se salga a la calle, o cuando no has utilizado ningún tipo de producto cosmético, se corre el riesgo de que la suciedad y el aceite terminan acumulándose.

Errores que cometes al lavarte la cara

Sin embargo, aún cuando nos digan que evitemos tocarnos la cara, en ocasiones no podemos evitar rascarnos la nariz cuando nos pica, o incluso frotarnos los ojos, incluso cuando ya estamos trabajando fuera. Como consecuencia de ello, es muy difícil evitar transferir suciedad y bacterias a la piel, incluso aunque nos lavemos las manos religiosamente (tal y como deberíamos hacer cada cierto tiempo).

Como manifiestan muchos expertos, la limpieza diaria y regular de la piel es imprescindible incluso aunque creamos que no se encuentra sucia. ¿Por qué? Muy sencillo: la piel tendrá aceites, células muertas y residuos de productos para el cuidado de la piel que hemos utilizado en el pasado, por lo que si no los retiramos debidamente podrían terminar obstruyendo los poros, aumentando el riesgo de irritación. Además, la piel también contiene radicales libres que conducen al daño oxidativo de las células de la piel.

¿El resultado? Existe a su vez un riesgo evidentemente mayor de envejecimiento prematuro, además de otros problemas relacionados.

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Por otro lado, si se experimentan brotes relacionados con el acné, cumplir con la rutina normal de cuidado de la piel es aún más importante si cabe. La piel debe estar perfectamente limpia antes de acostarte, para que se pueda reparar durante la noche.

Eso sí, el problema es aún mayor cuando te has aplicado algún tipo de producto maquillante por el día, y luego, al llegar la noche, no lo eliminas o lo haces de forma inadecuada. Como ya te hemos comentado en bastantes ocasiones, cualquier resto de maquillaje en la piel, en especial si se deja durante la noche, pueden obstruir los poros, aumentar el riesgo de acné, y también actuará como un irritante a medida que pasan las horas.

No obstante, aún cuando te limpies la piel en profundidad diariamente, esto no significa que lo estés haciendo bien. ¿Sabías que es muy común cometer algunos errores a la hora de lavarnos la cara cada día? Incluso aunque sigas una determinada rutina de cuidado de la piel, en ocasiones simplemente puede ocurrir que no sea todo lo correcta o adecuada que crees en un primer momento, lo que hace necesario revisarla, y finalmente, modificarla.

1. No te lavas las manos antes de empezar

Es bastante probable que ya estés concienciado/a acerca de la importancia que es mantener unos hábitos de higiene básicos a lo largo del día, en especial cuando vamos a comer, y sobre todo, cada vez que llegamos de la calle.

Como probablemente sepas, lavarse las manos debidamente con agua y jabón se convierte en definitiva en algo fundamental. Y no solo a la hora de prevenir infecciones víricas o bacterianas. Aún cuando no tengas en la cara heridas abiertas o brotes visibles, es imprescindible asegurarte de que las manos están limpias cada vez que te vayas a tocar la cara.

Y es que, en caso contrario, podrías correr el riesgo de introducir bacterias en la piel, aumentando el riesgo de infección. Por tanto, antes de empezar con la rutina de cuidado de la piel, especialmente si no sales del baño o de la ducha, opta por limpiarte bien las manos antes.

2. Utilizar un limpiador facial incorrecto o no adecuado según el tipo de piel que tengamos

A la hora de seguir cualquier rutina de cuidado de la piel, el paso de limpiar la piel es fundamental, esencial para disfrutar de una piel lo más perfecta y saludable posible. Pero para poder conseguirlo es imprescindible utilizar un limpiador adecuado.

En este sentido, aunque es cierto que existen limpiadores cuya composición pueden hacer que sean ideales para cualquier tipo de piel, distintos productos funcionan mejor para cada tipo de piel.

Y es que usar el limpiador facial incorrecto ocasionará cierto desequilibro en el pH de nuestra piel, lo que puede aumentar el riesgo de que surjan determinados problemas y afecciones. Por ejemplo, puede aumentar la irritación, la sequedad, y en definitiva el limpiador no actuará como debería.

Por tanto, es de vital importancia escoger uno que se adapte específicamente a nuestro tipo de piel. Por ejemplo, en caso de que tengamos la piel seca o normal, es fundamental escoger una loción cremosa, aceite o leche, con cualidades hidratantes, ya que no dañará la barrera hidrolipídica naturalmente presente en la piel. Eso sí, se deben evitar aquellos limpiadores faciales que generen espuma, así como los que generan pequeñas burbujas, dado que pueden terminar descomponiendo los aceites naturales.

Si tenemos la piel grasa, lo recomendable es optar por un limpiador que contenga una fórmula a base de gel. Un buen ejemplo lo encontramos en ingredientes como el ácido salicílico, que ayudan a eliminar las células muertas de la piel que se han visto retenidas por la presencia tanto de aceite como de suciedad, pero sin dañar las capas más delicadas.

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3. No hacerlo de forma correcta

Cuando practicamos ejercicio físico, o cualquier plan de entrenamiento, lo más común es seguir un método correcto, estableciendo una rutina. Cuando se trata de lavarnos la cara, seguir igualmente el método correcto es imprescindible, pero debemos tener presente que todo dependerá del limpiador que se vaya a utilizar, dado que distintos tipos requerirán diferentes métodos, por lo que siempre debes asegurarte de seguir el método adecuado.

Si utilizas un aceite o loción cremosa, es adecuado frotarlo sobre la piel durante unos minutos, pero la piel debe estar completamente seca. Esto ofrece el ambiente idóneo al limpiador, dado que podrá descomponer mejor el aceite, y la suciedad presente en la piel, antes de aplicar una pequeña cantidad de agua con el fin de conseguir que el producto emulsione.

Es imprescindible que la piel esté húmeda antes de aplicar el limpiador o gel de espuma. Además, para conseguir que los ingredientes funcionen adecuadamente, es adecuado dejar que la espuma se asiente en la piel, dejándola actuar durante al menos uno o dos minutos.

4. Utilizar agua demasiado fría o caliente

La clave está en utilizar agua tibia. No es adecuado utilizar agua caliente, en particular si tenemos la piel sensible, seca o si incluso sufrimos de piel atópica (dermatitis atópica o eccema), dado que el riesgo de irritación y mayor sequedad aumenta considerablemente.

Igualmente aún cuando tenemos la piel normal o grasa, el agua caliente hace que ésta se seque en exceso, ya que ocasiona que las glándulas aumenten su producción de aceite con el fin de combatir la sequedad que ha aparecido de manera repentina. Por otro lado, si tienes acné o rosácea, el agua caliente provocará que la piel se enrojezca.

Lo mismo ocurre con el agua fría: aunque puedas pensar que es beneficiosa para la piel, la realidad es que puede evitar que los poros se abran, por lo que los productos que posteriormente se apliquen sobre la piel no actuarán como deberían, ya que no serán adecuadamente absorbidos.

5. Usas toallitas normales

Quizá puedas tener la tentación de utilizar una toallita normal sobre la piel del rostro, con la intención de lavarte la tez. Sin embargo, muchas suelen contener alcohol, fragancias y sustancias químicas que pueden terminar siendo abrasivas para la piel, y además, pueden convertirse en un auténtico caldo de cultivo para las bacterias.

Lo cierto es que, como veremos en un apartado próximo, la realidad es que la solución tampoco está en utilizar toallitas desmaquillantes, especialmente si tiendes a abusar de ellas y las utilizas prácticamente cada día. 

Aún cuando sean rápidas y fáciles de usar, podrías estar haciendo más daño que bien cuando deseas mantener la piel lo más saludable y sana posible, puesto que el riesgo de brotes de acné, irritación e incluso determinadas reacciones alérgicas es muchísimo más elevado cuando utilizas este tipo de toallitas.

Y probablemente te preguntes: ¿y en el caso de las toallitas húmedas de bebés? Lo cierto es que, como opinan algunos especialistas en belleza, si tienes la piel sensible y únicamente deseas retirarte tu maquillaje diario básico, las toallitas húmedas para bebés pueden convertirse en una opción buena y económica, pero siempre y cuando no contengan alcohol. 

Además, es necesario tener presente que no funcionarán de forma eficiente en el rímel a prueba de agua o cualquier otro maquillaje tipo waterproof (resistente o aprueba de agua), puesto que no tendrán la cualidad de poder desintegrar o disolver el maquillaje, y eliminarlo completamente de la piel. 

Consejos útiles al lavarte la cara

6. Tiendes a lavarte la cara en la ducha

Es posible que suelas lavarte la cara en la ducha con el fin de ahorrar tiempo. Incluso aunque utilices los productos en el orden correcto, estás cometiendo un grave error: no solo la ducha probablemente esté demasiado caliente para la delicada -y sensible- piel de la cara (por lo que correrás el riesgo de retirar sus valiosos aceites naturales), también cualquier residuo que provenga del cabello terminará en la cara, y además tendrá la capacidad de obstruir los poros.

Por tanto, es evidente que lo más recomendable es seguir la rutina de cuidado de la piel fuera de la ducha, lavándote la cara, por ejemplo, en el lavamanos.

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7. Te exfolias la piel en exceso

La exfoliación se convierte en un proceso esencial para el cuidado de la piel, y que es aconsejable llevar a cabo al menos una o dos veces por semana, gracias a que elimina las células muertas que se van acumulando con el tiempo. Además, proporcionan un beneficio añadido: ayudará a que los productos faciales tienden a penetrar mejor en la piel.

Efectivamente, en esta ocasión en concreto todo dependerá también del tipo de piel que tengamos, por lo que el tipo de exfoliante que usemos dependerá de si tenemos la piel normal, mixta o grasa.

Pero la exfoliación excesiva puede ser también contraproducente, de forma que terminarán haciendo más daño que bien, al causar sequedad, irritación y descamación. ¿Lo mejor? Simplemente limitarlo a una exfoliación a la vez, por semana.

8. Te aplicas el limpiador incorrectamente

Al igual que seguir el orden correcto es, cuanto menos, fundamental, así como el uso de productos adecuados en función del tipo de piel que tengamos, también es importante el modo y forma de aplicación de determinados productos, como es el caso del limpiador.

Se convierte, como ya te hemos comentado en algunos momentos, en el primer paso dentro de cualquier rutina de cuidado de la piel, y es esencial hacerlo bien si no queremos que el resto del proceso se vea seriamente perjudicado. Todo dependerá, igualmente, de la textura o consistencia que posea el producto limpiador que te vayas a aplicar sobre la piel.

Si utilizas una loción ligera, es fundamental aplicarla sobre la piel seca, frotándola durante unos segundos (de la misma manera que lo harías con una crema hidratante). Esto es sumamente interesante, puesto que proporciona a los aceites, presentes en el limpiador, el tiempo suficiente como para descomponer luego los aceites tanto del maquillaje como de la piel.

Luego, humedécete ligeramente las yemas de los dedos, con lo que conseguirás que el limpiador emulsione. Asegúrate, eso sí, de masajear el limpiador siempre mediante un movimiento circular, de dentro hacia afuera.

También es imprescindible dejar que el producto actúe el tiempo que sea necesario. Es más, en la mayoría de las ocasiones lo habitual es no darle el tiempo suficiente como para que trabaje como es debido. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los tratamientos contra el acné especialmente concebidos con el fin de combatir los brotes (y evitar que vuelvan a producirse). Es fundamental dejarlos reposar en la piel durante al menos uno o dos minutos antes de enjuagarte el rostro. Este será el tiempo necesario para permitir que sus distintos ingredientes activos puedan actuar para acabar con las bacterias causantes del acné.

9. Únicamente utilizas toallitas de maquillaje

Aunque es cierto que las toallitas desmaquillantes supusieron una auténtica revolución en la industria de la cosmética, no solo profesional sino sobre todo doméstica, abusar de ellas puede acabar siendo tremendamente negativo para la piel.

Y es que, a diferencia de lo que posiblemente piensas en un primer momento, las toallitas desmaquillantes no limpian la piel. En su gran mayoría, acaban untando todo el maquillaje, la suciedad y las células muertas, dejando a su paso un incómodo paso de piel irritada. Es decir, en lugar de eliminar la suciedad, el aceite y el maquillaje, lo que hacen básicamente es acumularlos, dando la ligera impresión de que actúan limpiando la piel, cuando no es del todo así.

Por tanto, cuando la toallita deja residuos en la piel, se pueden experimentar problemas relacionados, como mayor sensibilidad, sequedad, irritación y, en algunos casos, reacciones alérgicas.

Tampoco podemos menospreciar la presencia de determinados ingredientes activos, que pueden aumentar el riesgo de desarrollar inflamación en la piel. En algunos casos, esto incluye la presencia de determinados productos químicos liberadores de folmaldehído, emulsionantes, tensioactivos y solubilizantes. Todos estos compuestos actúan eliminando el maquillaje, el aceite, la suciedad y las células muertas de la piel.

Pero la realidad es que las toallitas únicamente han sido concebidas con el fin de limpiar la piel, sin los beneficios inherentes que proporciona poder aplicar un producto limpiador durante el proceso. O, lo que es lo mismo, la piel estará expuesta a mayores concentraciones de ingredientes limpiadores (sustancias químicas, a fin de cuentas), y todo ello sin el beneficio añadido de poder enjuagarlos con agua.

Además, lo habitual es restregarlas por la cara, con el riesgo de aumentar la irritación y el enrojecimiento, promoviendo la pigmentación e incluso la formación, con el paso del tiempo, de las primeras arrugas.

No pueden convertirse en una alternativa para limpiarse la cara. Es más, no pueden compararse con la rutina de utilizar un limpiador, masajear la piel, estimular la circulación sanguínea (permitiendo con ello que el producto en cuestión actúe muchísimo mejor), y finalmente enjuagar los restos que hayan podido quedar en la cara. Con la toallita, sin embargo, lo único que conseguirás es dejar la mitad del maquillaje y de la suciedad en el rostro.

Cada vez que las uses, es mucho más aconsejable llevar a cabo una limpieza completa lo antes posible. O, al menos, utilizarlas conjuntamente con un buen limpiador.

Solución: Utilizar agua micelar se puede convertir en una opción interesante y tremendamente útil, principalmente por ser un producto económico pero eficaz para limpiar la piel, incluso sin necesidad de llevar a cabo ningún tipo de enjuague. Eso sí, no funciona para eliminar el maquillaje resistente al agua, a no ser que utilices un tipo de agua micelar específicamente diseñado con este fin. Por otro lado, aún cuando no sea necesario enjuague, se recomienda añadir este producto a tu rutina de cuidado de la piel a modo de doble limpieza facial (es decir, no utilizándolo de manera individual, sino usándolo luego de un buen limpiador profundo).

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10. Utilizas un jabón, en lugar de un limpiador

Muchos jabones, al igual que los jabones en barra tradicionales, no suelen tener un pH equilibrado, de manera que suelen depender de tensioactivos fuertes (como por ejemplo podría ser el caso del laurisulfato de sodio) con el fin de ayudar a eliminar la mugre, la suciedad, los aceites, las células muertas… y también la barrera natural de humedad de la piel.

Aún cuando sientas que tu piel se encuentra perfectamente limpia, por el mero hecho de oler bien, la realidad es que la barrera natural acabará volviéndose más débil, lo que lleva a un aumento de los radicales libres -principalmente relacionados con el envejecimiento prematuro y otras afecciones cutáneas-, debido a la pérdida de humedad.

Por tanto, si habitualmente lo haces, es imprescindible dejar el jabón líquido para limpiarte las manos, y sustituirlo por un bien limpiador facial, el cual contendrá los ingredientes activos necesarios para ayudarte a arrastrar la mayoría de contaminantes, suciedad, aceites y células muertas que se han ido acumulando sobre la piel a lo largo de todo el día.

11. Te lavas la cara demasiado

Al igual que saltarte la limpieza previa al sueño puede ser muy contraproducente a la hora de disfrutar de una buena salud facial, en particular si tienes algún resto de maquillaje en la cara, lo mismo ocurre cuando te excedes. Es decir, cuando te lavas la cara demasiado.

Y es que un enjuague o lavado excesivo puede terminar ocasionando una sobreproducción de aceite, lo que puede hacer que los poros se obstruyan y elevar el riesgo de brotes de acné. Pero no solo eso: también aumenta la irritación, y la sequedad.

A menos que practiques ejercicio físico, o hayas sudado mucho como consecuencia del calor ambiental o por haber practicado algún tipo de actividad determinada, una triple limpieza facial no es ni mucho menos adecuada.

12. Tienes demasiada prisa

Cualquier proceso de limpieza de la piel es fundamental, y se convierte, como ya te hemos explicado, en una parte imprescindible, lo primero que debe hacerse. Aún cuando tengas prisa, es muy fácil acelerar el proceso e irnos a la cama, o continuar con nuestro día (si por ejemplo lo hacemos por la mañana. 

Sin embargo, cuando verdaderamente deseas disfrutar de una piel muchísimo más cuidada y saludable, es de vital importancia intentar, al menos, hacerlo lo mejor posible. Y esto significa tomarse el tiempo necesario para conseguir hacerlo bien. En definitiva, si te vas a tomar el tiempo para seguir la rutina paso a paso, es muy interesante hacer que la limpieza valga la pena.

Por tanto, debes masajearte la piel suavemente, siempre con movimientos circulares, que ayudan a aplicar mejor el producto. Y no debes olvidarte de la conocida como zona T del rostro (que incluye la frente, la nariz y la barbilla), así como la línea de la mandíbula, que habitualmente tendemos a dejar en el olvido. 

13. Te dejas maquillaje sobre la piel

Eliminar adecuadamente -y de forma profunda- el maquillaje es igualmente fundamental, como ya te hemos comentado en muchas ocasiones. Aún cuando creas que el maquillaje se disuelve únicamente enjuagándote la cara con agua, la realidad es bien diferente: siempre quedarán restos que, a la larga, podrían irritar la piel y causar otros problemas relacionados. Es lo que se conoce como maquillaje residual.

Y, para evitarlo, es imprescindible limpiar físicamente el maquillaje, lo que significa utilizar necesariamente un limpiador profundo, agua micelar, o incluso llevar a cabo una doble limpieza facial. En algunas ocasiones, especialmente cuando no tienes la piel seca o sensible, puedes ayudarte con una esponja facial, lo que ayudará a limpiar la piel completamente.

Luego, una vez hayas terminado, simplemente sécate la cara con palmaditas, evitando restregarte la toalla sobre la piel, ya que podrías dañarla e irritarla.

14. Después de limpiarte la piel no te aplicas ningún otro producto más

Seguir una rutina de cuidado, paso a paso, es imprescindible a la hora de disfrutar de una piel lo más saludable posible. Sin embargo, en ocasiones, ya sea por desconocimiento o simplemente por prisas, puede ocurrir que una vez te hayas limpiado la piel en profundidad, no continúes con la rutina, o no te apliques ningún otro producto.

Como opinan muchos expertos, es de vital importancia continuar con un humectante o un suero, y además hacerlo inmediatamente, dentro del primer minuto después de haberte aplicado el limpiador. 

De hecho, después del enjuague y del uso del limpiador, la aplicación de un producto humectante de forma casi prácticamente inmediata ayuda a retener la hidratación natural de la piel, antes de que empiece a evaporarse con el paso de los minutos.

Eso sí, existe una excepción: en caso de que se trate exclusivamente de un producto para tratar el acné, cuando se aplican sobre la piel húmeda pueden acabar causando irritación, por lo que no es adecuado hacerlo inmediatamente, ni con la piel mojada.

15. Acabas la rutina o régimen de cuidado sin aplicarte una crema hidratante

Especialmente por la noche, después de haberte limpiado la cama y aplicarte un suero o humectante, lo que hagas luego es casi tan importante a cómo te hayas limpiado la cara.

Aunque probablemente no ocurra nada si te despistas en algún momento dado, cuando siempre omites el uso de una crema hidratante después de la limpieza de la piel estarás siguiendo una rutina de cuidado incompleta, no proporcionándole lo que en realidad necesita.

Incluso aunque tengas la piel grasa, la hidratación es siempre importantísima, en especial por la noche, cuando la piel tiende a recuperarse y a renovarse para afrontar un nuevo día a la mañana siguiente. Es esencial para humedecer la piel y ayudar a retener la hidratación natural, lo que te permitirá disfrutar de una piel más hidratada, brillante y con una apariencia muchísimo más saludable.

Crema hidratante

Otro error a tener en cuenta: No utilizas la toalla como es debido

El uso excesivo de la toalla puede terminar irritando la piel, haciendo incluso que se reseque al eliminar la barrera natural de la misma. 

Por tanto, una vez te hayas lavado la cara con un buen limpiador (recuerda, es esencial que contenga un pH equilibrado, para que sea lo más respetuoso posible con tu piel), te hayas enjuagado la cara con agua tibia (nunca caliente) y te hayas aplicado los productos con movimientos circulares… Evita un error muy común que muchas personas solemos cometer cada día: nos secamos la cara de forma excesiva, restregando y restregando.

Si, además, la toalla tiene una textura áspera -algo que ocurre muy habitualmente cuando es demasiado vieja o se encuentra ya en mal estado-, únicamente conseguirás romper la elastina de la piel, promoviendo la flacidez y la aparición de arrugas prematuras.

Por otro lado, además de usar la toalla con suavidad, es fundamental lavarla cada cierto tiempo; dependiendo del uso, lo ideal es hacerlo al menos cada 3 o 4 días. ¿Por qué? Muy sencillo: una toalla sucia se convierte en un auténtico caldo de cultivo no solo para bacterias, también para el moho.

Lo que hace que nos debamos realizar la siguiente pregunta: ¿Por qué tanto esfuerzo con nuestra rutina diaria de cuidado de la piel, si luego la cubrimos con una toalla repleta de bacterias?

Lo ideal es tener una toalla para el cuerpo y otra exclusivamente para la cara. Es más, es mucho más aconsejable que la que utilices para la cara sea lo más suave posible.

¿Cuántas veces deberías limpiarte la piel cada día?

La realidad es que no existe ninguna directriz ni regla oficial sobre cuántas veces deberíamos lavarnos la cara cada día. En mayor medida, depende tanto del tipo de piel que tengamos, como de lo que verdaderamente funcione para cada cual. Esto significa que, básicamente, la frecuencia con la que deberíamos limpiarnos la piel (es decir, incluyendo un lavado de cara siguiendo una rutina de cuidado regular), se reduce a lo que mejor sienta a nuestra piel.

Por ejemplo, si por la noche, únicamente te aplicas un suero ligero es muy posible que puedas cambiar -o incluso saltarte- tu limpieza matutina únicamente por un poco de agua tibia. Sin embargo, si cada noche te aplicas un humectante espeso o un aceite, es muy posible que te sientas muchísimo más cómoda usar un limpiador cada vez que te despiertes.

Por otro lado, si tienes la piel grasa, y además posee cierta propensión al acné, es muy probable que hasta ahora hayas creído que lavarte la piel de la cara varias veces al día es esencial para disfrutar de una mejor salud cutánea. Pero, la realidad, podría ser bien diferente, en particular si te estás lavando la cara varias veces al día con el fin de combatir el acné.

El principal motivo es que muchos limpiadores, en especial los concebidos para el tratamiento del acné, suelen contener distintas sustancias químicas o detergentes llamados sulfatos, que terminan destruyendo la barrera natural de la piel, eliminando toda la humedad, causando enrojecimiento, inflamación, y finalmente un empeoramiento tanto de la grasa como de los brotes de acné.

No obstante, esto no impide que no puedas humedecerte la piel del rostro dos o tres veces al día, pero si cada vez utilizas un limpiador fuerte, entonces posiblemente sí arruines la piel. De hecho, tal y como opinan muchos especialistas, todas las personas se deben lavar la cara tanto por la mañana como por la noche. Y si hemos sudado, es posible que sea necesario incluso un tercer o cuarto enjuague de la piel. Pero no es lo mismo enjuagarse la piel, que utilizar un limpiador profundo. En este caso, lo aconsejable es hacerlo únicamente por la noche.

Pero si únicamente puedes hacerlo una vez al día (por ejemplo, por falta de tiempo), la mayoría de los expertos coinciden en lo mismo: lo recomendable es hacerlo antes de acostarte. Es un paso fundamental, dado que ayudara a eliminar tanto el aceite como la suciedad que se ha ido acumulando a lo largo de la jornada, junto con otras cosas como el maquillaje (que, recordamos, es imprescindible retirar debidamente, ya que en caso de quedarse sobre la piel toda la noche puede aumentar el riesgo de obstrucción de poros, irritación y brotes de acné).

En cualquier caso, recuerda que todo dependerá del tipo de piel que tengas:

  • Si tengo la piel seca o sensible. Lavarte la cara dos o más veces al día puede acabar irritando la piel. Por lo que lo más adecuado es limpiarla de manera adecuada cada noche, con la ayuda de una fórmula lo más suave posible. Recuerda también que los limpiadores hidratantes se convierten en una excelente opción, al igual que los limpiadores de mayor consistencia, o a base de aceite. Luego, a la mañana siguiente, simplemente enjuágate la piel con agua tibia.
  • Si tengo la piel grasa o es propensa al acné. Aunque tengas la necesidad de limpiar en exceso la piel grasa, o con propensión al acné, la realidad es que puedes acabar resecándote la piel cuando lo haces más de dos veces al día, lo que empeorará el problema aún más si cabe. Lo más adecuado es usar un limpiador con hidroxiácidos, ideales para eliminar el exceso de aceite. Los limpiadores recetados también pueden ser de utilidad.
  • Si tengo la piel mixta. En caso de que tengas este tipo de piel lo aconsejable es hacerlo dos veces al día. No habrá ningún problema a la hora de lavarte la piel por la mañana y por la noche. Eso sí, es recomendable utilizar una fórmula lo más suave posible, ideal para proporcionar frescura, hidratación y limpieza, limpiando por tanto los poros en profundidad.

Por otro lado, en caso de que utilices maquillaje cada día, debemos recordar que los cosméticos pueden terminar obstruyendo los poros, especialmente cuando no son eliminados de manera adecuada. Esto puede aumentar el riesgo de brotes. Por tanto, si te aplicas maquillaje con regularidad es imprescindible lavarte la cara por la mañana, seguido de una limpieza muchísimo más profunda por la noche

Igualmente, antes de utilizar un limpiador, es fundamental quitarte el maquillaje, por ejemplo utilizando agua micelar. O bien disfrutar de las cualidades que ofrece la doble limpieza facial, para asegurarte con ello de que todos los restos de maquillaje han desaparecido por completo.

También son interesantes los limpiadores a base de aceite, útiles para proporcionar una sensación perfectamente limpia, pero sin temor a que pueda irritar la piel. 

¿Y si deseas renuncian a limpiar la piel dos veces al día?

En este caso, por ejemplo si prefieres -o necesitas, quizá por falta de tiempo- renunciar a una limpieza de la piel, dos veces al día, una buena opción es evitar la limpieza de por la mañana.

De hecho, algunos dermatólogos alertan acerca del riesgo de que una limpieza en profundidad por la mañana puede acabar secando la piel, pudiendo ser desecante, y por tanto, innecesario, en especial si por la noche te limpiaste la piel debidamente.

En este sentido, aún cuando sientas que tienes la piel grasa por las mañanas, únicamente es recomendable enjuagarte la piel con un chorro de agua tibia. Y, luego, secarte la piel y limpiártela con la ayuda de una toalla suave. Tu piel se librará del exceso de aceite, pero sin quitarle su humedad sin la necesaria barrera protectora natural.

La mejor rutina para limpiar tu piel cada día

El objetivo principal de cualquier rutina de cuidado de la piel es el de suavizar la piel, y afinar la tez con el fin de que funcione de la mejor forma posible, solucionando a su vez determinados problemas. O, incluso, hacer especial hincapié en aquellas partes del rostro que se deje trabajar más concienzudamente (por ejemplo, porque existen algunas afecciones cutáneas determinadas).

Cualquier rutina de cuidado de la piel consta, fundamentalmente, de un total de tres pasos principales: limpieza (lavarse la cara), tonificación (con lo que se consigue un correcto equilibrio de la piel) e hidratación (con lo que conseguimos hidratar y suavizar la piel).

Eso sí, es imprescindible tener en cuenta algo imprescindible: la calma, la paciencia, y en especial la constancia son simplemente fundamentales. Y es que no existe una solución rápida ni mucho menos instantánea: después de aplicarte cada producto para el cuidado de la piel, se necesita tiempo para poder disfrutar de sus diferentes beneficios. Aunque, es cierto, algunos de sus cualidades las podemos ver casi de forma inmediata. Es lo que ocurre con las exfoliaciones, que ofrecen la posibilidad de eliminar las células muertas, la suciedad y el exceso de aceite, y permiten ver una piel totalmente renovada. Pero en el caso de otros productos, como las cremas nutritivas e hidratantes, lo fundamental es el uso constante y diario.

Como recomiendan muchos dermatólogos y expertos, es importantísimo procurar utilizar un determinado producto durante al menos seis semanas, una o dos veces cada día. Y también es esencial aplicarlo en función de la consistencia que tengan los productos. Es decir, desde el más fino hasta el más grueso: limpiador, tónico, suero o sérum y finalmente el humectante. Por tanto, el orden de la rutina a seguir es fundamentalmente este, que pasamos a resumirte a continuación:

  1. Limpieza. Es la fase principal. Lavarse el rostro se convierte, en definitiva, en el paso más básico. Es, por tanto, esencial en cualquier rutina de cuidado de la piel. No debemos olvidarnos que nuestra piel entra continuamente en contacto con distintos contaminantes ambientales, suciedad y otros elementos propios (como el exceso de aceite y de células muertas) que deben ser eliminados suavemente cada día. A la hora de evitar la opacidad, los poros obstruidos y posteriormente el riesgo de sufrir acné, es aconsejable utilizar un limpiador facial dos veces al día, mañana y noche. Por ejemplo, por la noche, después de que la suciedad y los contaminantes se hayan acumulado en la piel a lo largo de todo el día, lo más recomendable es optar por usar un limpiador profundo. Sin embargo, como te hemos comentado en el apartado anterior, también es perfectamente posible limpiarse la piel únicamente por la noche.
  2. Tónico. Si bien es cierto que los primeros productos consistían en sustancias a base de alcohol que se utilizaban principalmente para reducir la piel grasa, y eliminar cualquier resto de suciedad que pudiera haber quedado después de la limpieza, hoy en día han evolucionado hasta convertirse en sustancias líquidas ligeras, que proporcionan un extra de nutrientes, proporcionando a su vez interesantes beneficios. Por ejemplo, un tónico puede ayudar a que los demás productos que utilizarás en tu régimen de cuidado diario sean mejor absorbidos, a la vez que equilibras su complexión. Por este motivo, se utilizan siempre después de la limpieza de la piel, pero antes de aplicarte cualquier otro producto. En cualquier caso, es fundamental hacerlo siempre con las manos limpias, únicamente vertiendo unas pocas gotas en la palma de la mano, y luego aplicarlo suavemente sobre la piel. También puedes utilizar una almohadilla o disco de algodón. En caso de que el tónico contenga ácidos exfoliantes, es posible que solo prefieras utilizarlo por la noche, o cada dos días. No obstante, si se trata de cualquier otra fórmula, es perfectamente posible usarlo por la mañana y por la noche. 
  3. Suero o sérum. Los sérums o sueros, como probablemente sepas, son dosis concentradas de ingredientes activos que ayudan a reducir y a tratar una amplia diversidad de problemas cutáneos, desde irritación a manchas oscuras, llegando incluso a las arrugas propias de la edad. Como opinan muchos dermatólogos y expertos en belleza, aún cuando no tengamos ningún tipo de problema en la piel, es perfectamente recomendable añadir un suero en la rutina de cuidado diario, especialmente un suero con cualidades antioxidantes aplicado por la mañana, lo que nos proporcionará una ayuda extra para protegernos de los agresores diarios. Entre los ingredientes activos más interesantes -y recomendados- que podría contener nuestro sérum diario, podemos mencionar el ácido hialurónico, la vitamina C, el retinol, la vitamina B3, los péptidos, la niacinamina y el azufre coloidal.
  4. Hidratación. Nos encontramos, finalmente, ante un elemento fundamental que nunca deberíamos pasar por alto. No debemos olvidarnos que la función básica de cualquier producto con cualidades hidratantes es la de, precisamente, no solo hidratar la piel, sino suavizarla. Dado que los humectantes ayudan a prevenir la pérdida de agua a través de las capas más externas de la piel, son ideales para aplicar al final de la rutina de cuidado de la piel. De hecho, ayudan a complementar los aceites protectores que se encuentran naturalmente, así como otros componentes básicos e igual de naturales. En este sentido, e independientemente del tipo de piel que tengamos, todo el mundo necesita humedad, aunque la textura de la crema hidratante será diferente. Por ejemplo, si tienes la piel seca lo ideal es una crema nutritiva; tienes la piel seca, lo ideal es un humectante sin aceite y ligero; si tienes la piel sensible es fundamental utilizar un humectante hipoalergénico; y si tienes la piel mixta, lo ideal es optar por una crema hidratante ligera para toda la cara, y más espesa para las zonas más secas.

Consejos útiles para limpiarte la cara todos los días

Una vez has descubierto cuáles son los errores más comunes que se cometen habitualmente a la hora de lavarse la cara, una opción sumamente interesante es la de descubrir todo lo contrario: de qué forma deberíamos hacerlo correctamente, y sobre todo, qué consejos pueden ser de mucha ayuda en este sentido.

  • Lávate la cara todas las noches. Se convierte posiblemente en una regla estricta cuando se trata de cuidarte la piel. Como mínimo, lavarse la cara todas las noches es un paso esencial antes de irnos a la cama. Como ya te hemos explicado, a lo largo del día, incluso aunque no salgas de casa ni te maquilles, los aceites naturales, el sudor y las células muertas se van acumulando en la piel. Si, además, a eso le sumas la sociedad y la contaminación que viene del medio ambiente, nuestra capa exterior de la piel tenderá a sufrir las consecuencias. Así, si no te lavas la piel cada noche, antes de irte a la cama, podría hacer que toda esa suciedad se acumule, causando inflamación, irritación, y brotes de acné como consecuencia de la obstrucción de los poros.
  • También puedes plantearte lavarte la cara por la mañana. Aunque no es estrictamente necesario, en particular si sigues una rutina de cuidado de la piel cada noche, como opinan muchos expertos otro enjuague por la mañana puede convertirse en una excelente idea. Por la noche es posible que sudemos; además, las bacterias de la saliva y los aceites del cabello suelen transferirse con demasiada facilidad tanto a la cara como a los ojos. A ello debemos sumarle también la funda de almohada, que posiblemente puede estar sucia aún cuando ésta no sea del todo visible. Por tanto, además de enjuagarte la piel del rostro también por la mañana, es aconsejable limpiar las fundas de almohada con bastante frecuencia, al menos una vez por semana.
  • Recuerda usar la temperatura del agua correcta. Ni agua fría ni agua caliente. Como hemos visto, lo mejor para limpiarte la piel, y lavarte la cara, es el agua tibia. El agua caliente, debemos recordar, puede ocasionar la dilatación de los vasos sanguíneos, a lo que se le suma la rotura del tejido más delicado. Por lo que la piel terminará volviéndose seca o muy seca, además de escamosa con el paso del tiempo.
  • Utiliza siempre un limpiador adecuado según tu tipo de piel. Cuando busques un buen limpiador facial, recuerda que es esencial tener bien presente cómo es tu tipo de piel. Y, sobre todo, si tu piel es sensible, atópica o si tienes cierta propensión al acné o a otras afecciones cutáneas. 
  • Evita excederte a la hora de limpiarte la cara. Lo ideal, como ya te hemos indicado, es lavarte la cara únicamente las veces que sean imprescindibles o necesarias al día. ¿Lo recomendable? Por la mañana y, sobre todo, por la noche. Así como después de hacer ejercicio o luego de haber sudado excesivamente. De hecho, como opinan los expertos, a no ser que tengas propensión a las infecciones de la piel, no es necesario lavarte la cara más de dos veces al día con el fin de eliminar los gérmenes. La cosa es aún peor si, además, tienes la piel sensible o seca, puesto que entonces te encontrarás con que posiblemente la piel se irrite con mayor facilidad. Incluso aunque utilices un limpiador adecuado. 
  • Lávate la cara siempre que sudes. En cualquier caso, siempre que practiques ejercicio sí es fundamental limpiarte la cara siempre después de un entrenamiento. Cuando hacemos deporte, la suciedad y el sudor se acumulan en la piel. Si no lo haces, porque no tienes tiempo o porque simplemente te olvidas, puede aumentar el riesgo de sufrir brotes de acné.
  • No te olvides de usar un humectante rápidamente. Inmediatamente después de utilizar un limpiador profundo, es fundamental utilizar un buen humectante, que contenga no solo ingredientes humectantes (es decir, que atraigan agua hacia la piel), e ingredientes oclusivos (que ayuden a sellar esa hidratación en la piel). Eso sí, no es adecuado que la piel esté completamente húmeda, sino solo un poco. Será más que suficiente para ayudarla a mantener aún más la humedad. ¿Lo recomendable? Hacerlo dentro de los primeros 60 segundos. Y es que si esperas incluso unos pocos minutos, las células de la superficie de la piel se deshidratarán, y luego serán -incluso- muchísimo más difíciles de hidratar.
  • Evita frotarte la piel agresivamente. Hay que tratar a la piel siempre con la mayor suavidad posible, incluso aunque estés utilizando un exfoliante. No por frotarte más conseguirás que la piel esté más limpia. Al contrario, podría llegar a irritarse e inflamase. Y, además, puede acabar doliendo mucho. Es mejor utilizar una toalla suave y perfectamente limpia, y hacerlo a modo de palmaditas.
  • Evita enjabonarte demasiado o en exceso. Lo mismo ocurre con el jabón. Aunque es bastante tentador sentir el producto limpiador por un período de tiempo mucho más largo, la realidad es que el tiempo que pasas enjabonándote no se correlaciona con lo limpia que pueda estar luego la cara. ¿Lo mejor? Intenta hacerlo durante al menos 20 o 30 segundos, pero no más. Lavarte la piel de forma agresiva, o durante muchísimo tiempo, sobre todo si se trata de un limpiador con ingredientes exfoliantes, puede causar también irritación y enrojecimiento.

Y recuerda: encontrar lo que verdaderamente funciona para ti posiblemente requerirá un poco de ensayo a modo de prueba-error. Por tanto, una vez sigas una rutina de cuidado de la piel óptima, utilizando solo los productos adecuados, disfrutarás de una piel mucho más sana y saludable.

No te vayas sin leer: La mejor rutina de cuidado de la piel a los 40 años

Christian Pérez

Director y CEO de Gaia Media Magazines, empresa editora de Natursan. Ha cursado estudios de Historia por la ULPGC y de Psicología en la UNED. Apasionado de la nutrición y la vida sana, es creador de contenidos desde hace 11 años. ¡Ah! Y también papá a tiempo completo con 4 años de experiencia.

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Director y CEO de Gaia Media Magazines, empresa editora de Natursan. Ha cursado estudios de Historia por la ULPGC y de Psicología en la UNED. Apasionado de la nutrición y la vida sana, es creador de contenidos desde hace 11 años. ¡Ah! Y también papá a tiempo completo con 4 años de experiencia.

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