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Qué es el síndrome metabólico. Te descubrimos a su vez cuáles son sus consecuencias en la salud, cómo se diagnostica y cuál es el mejor tratamiento para prevenirlo o eliminarlo.

Si bien es cierto que, en la actualidad, la obesidad es considerada como la gran epidemia del siglo XXI, la realidad es que también existen otros trastornos relacionados que incluso pueden aparecer de manera conjunta, a consecuencia precisamente de ese exceso de peso.

Cuando la persona presenta de forma conjunta, al menos tres de las siguientes alteraciones los especialistas médicos lo denominan con el nombre de síndrome metabólico: presión arterial elevada o hipertensión, diabetes, obesidad y colesterol.

El síndrome metabólico

Es decir, nos encontramos ante un síndrome que padece una persona que presenta al menos tres de las alteraciones indicadas anteriormente. En este sentido, hablamos de hipertensión cuando la presión arterial es de 140/90 mmHg o mayor; hablamos de colesterol alto cuando los niveles de colesterol total superan los 200 mg./dl.; o también cuando los niveles de LDL son superiores a 130 mg./dl. o los de HDL son inferiores a 35 mg./dl. en hombres y 40 mg./dl. en mujeres; y hablamos de obesidad sobretodo a aquella que se concentra en el abdomen, que tiende a ser la más peligrosa para la salud.

¿Cómo se diagnostica?

En realidad es muy sencillo, ya que realizándose un análisis de sangre en el que se analicen los valores de colesterol, triglicéridos y glucosa pueden ser de gran ayuda. A su vez, tampoco debemos olvidarnos de la medición de la presión arterial.

¿Cuáles son las consecuencias del síndrome metabólico para la salud?

Este síndrome multiplica por dos el riesgo de sufrir alguna dolencia que afecte a las arterias o al corazón, y multiplica por cinco el riesgo de sufrir diabetes.

Por otro lado, el síndrome metabólico puede a su vez aumentar el riesgo de hígado graso, asma, cálculos biliares (piedras en la vesícula biliar) y los ovarios poliquísticos.

¿Cuál es el mejor tratamiento?

La clave tanto para su prevención como para su tratamiento es seguir una dieta variada, equilibrada y saludable, practicar ejercicio físico, evitar hábitos malsanos como fumar o beber alcohol, y vivir de forma más tranquila y relajada alejándonos del estrés y de la ansiedad.

De hecho, reduciendo entre un 10% y un 15% nuestro exceso de peso conseguiremos una reducción en la misma proporción de los niveles de glucosa y de presión arterial.

Imagen | HazPhotos

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