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Solemos comer cada día más sal de la recomendada, con los evidentes riesgos para la salud que ello supone. Descubre por qué no deberíamos añadir más sal a nuestras comidas y cómo evitarlo fácilmente.

¿Sabías que cada día tendemos a consumir más sal de la que en realidad deberíamos? Muchos estudios estiman que cada día tomamos en torno a 10 gramos de sal por día, cuando en verdad lo teóricamente recomendado es no superar los 4 o 5 gramos diarios. La conclusión es más que evidente: comemos más sal de la que deberíamos, y en parte la “culpa” no es nuestra, dado que muchos de los productos industriales que comemos diariamente ya tienen en su composición un excesivo contenido en sal.

Es decir, no tanto es culpa del salero que ponemos encima de la mesa al momento de comer o de la sal que añadimos en los alimentos cuando estamos preparándolos en la cocina, y sí de muchos de los productos que comemos o tomamos ya elaborados. Es más, se estima que tres cuartas partes del cloruro de sodio que comemos cada día provienen originalmente de la preparación de los productos que consumimos.

Por qué no debemos añadir sal a las comidas

Y, entre esos productos, nos encontramos con alimentos tan dispares como el pan y la bollería, los bocadillos, galletas, sopas envasadas, pizzas, quesos… e incluso los jugos de frutas o los zumos. Porque, efectivamente, aunque no lo creas, una bebida azucarada aparentemente dulce también contiene una altísima cantidad de sodio… aunque no nos demos cuenta.

Pero vayamos un poco más allá y analicemos algunos de los productos diariamente más consumidos en lo que a su contenido en sal se refiere. Productos aparentemente “normales” pero que en realidad aportan bastante cloruro de sodio:

  • 100 gr. de salsa tipo ketchup: 4 gramos.
  • 1 cuenco de sopa envasada: 2,5 gramos.
  • 1 porción de pizza (200 gramos): 2,6 gramos.
  • Media baguette: 1,70 gramos.
  • 50 gr. de cereales: 1,2 gramos.
  • 1 porción de chocolate: 0,5 gramos.
  • 5 galletas (tipo María): 0,4 gramos.

Como vemos, si por ejemplo escogemos para cenar un cuenco o bol de sopa envasada pensando que se trata de una opción saludable por ser aparentemente baja en grasas y en calorías, lo cierto es que estaríamos aportando a nuestro organismo la mitad de la sal que deberíamos haber consumido a lo largo del día. Y si a eso le sumamos la situación bastante probable de que, por ejemplo, a media mañana hayamos comido un trozo de pan o para el desayuno un bol de cereales… ya habremos superado dicha cantidad.

¿La solución? No añadir más sal a las comidas que consumimos diariamente, y tratar sobre todo de sustituir la sal por otras opciones más sanas y naturales como es el caso de especias y hierbas, que pueden igualmente aportar sabor a los alimentos sin aumentar su contenido en sal. Pero ¿cómo conseguirlo?.

¿Qué hace el exceso de sal a nuestro cuerpo?

Aunque el cloruro de sodio sea fundamental para el funcionamiento de nuestro cuerpo, un exceso de sal es siempre contraproducente, pudiendo incluso ser muy peligroso para nuestra salud. Por ello, cuando nos excedemos en el consumo diario de sal se convierte en un elemento perjudicial para la salud, con los siguientes efectos:

  • Aumenta el riesgo de presión arterial, teniendo más probabilidades de sufrir hipertensión arterial con el paso del tiempo.
  • Aumenta la pérdida de calcio en los riñones.
  • Daña el sistema digestivo.
  • Aumenta el apetito y por tanto tendemos a comer más, aumentando a su vez nuestro peso.
  • Es un riesgo para las enfermedades del corazón.
  • Puede ser el origen de enfermedades cardíacas y cerebrales.

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Consejos útiles para no añadir más sal a las comidas

Si tienes por costumbre añadir sal a la mayoría de los alimentos que comes (sobre todo en el almuerzo y en la cena) es posible que al principio te cueste deshacerte de ella, siendo bastante probable que todo lo que comas te parezca soso. Es normal, ya que tus papilas gustativas están “acostumbradas” al sabor salado de los alimentos. Pero poco a poco puedes cambiar este hábito. ¿Cómo? Toma nota:

  • Sustituye la sal por otras opciones más sanas: una buena opción es optar por hierbas y especias que además de sabor aportan mejores aromas a los platos, e incluso ayudan a intensificar el sabor de algunos alimentos. Por ejemplo, el eneldo es ideal para el salmón y las salsas dulces que lo acompañan, mientras que el orégano es muy interesante cuando es añadido por encima de unas rodajas de tomates frescas. Para caldos y sopas una opción útil es el perejil o la pimienta negra.
  • Retira el salero de la mesa: es posible que en tu casa aún tengan la costumbre de tener el salero encima de la mesa. Lo mejor es tratar de retirarlo siempre de la mesa, desterrándolo por completo.
  • Cocina con menos sal: es evidente que muchas de las recetas que elaboramos cada día, sobre todo si tienes por costumbre cocinar en casa, necesitan algunas cucharaditas de sal para añadir sabor. Puedes o bien sustituirla por especias o hierbas o sazonar directamente en la cocina echando solo la cantidad recomendada.

…Pero no veamos a la sal con malos ojos

La sal, o casi mejor dicho el cloruro de sodio, es fundamental y necesaria para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Por ejemplo, gracias a su relación con el potasio en nuestro cuerpo tiene lugar un adecuado equilibrio hídrico.

Por otro lado, tampoco podemos olvidarnos de sus cualidades organolépticas, lo que se traduce en que nos ayuda a intensificar el sabor de los alimentos que comemos, de manera que sin ella en realidad todo nos sabría soso.

Por tanto, sal sí pero en su justa medida. Y como vemos, la mayoría de alimentos que comemos cada día ya contienen la cantidad suficiente que nuestro organismo necesita de cloruro de sodio. Por ello, lo mejor es no añadir más sal a las comidas que las que éstas ya contienen.

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