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Ser perfeccionista no es malo. De hecho el perfeccionismo puede ser considerado como una herramienta muy valiosa, pero cuando no se convierte en una obsesión.

Cuando nos preguntamos qué cualidades nos representan probablemente en la palabra perfeccionismo entren algunas. Lo solemos decir además con entusiasmo, con ímpetu, pero seguramente que en el fondo pensamos, ¿y si fuese menos perfeccionista? ¿sería más feliz? ¿sabría equivocarme con mayor facilidad?.

Sabemos que aceptar errores o contratiempos no es precisamente la más fácil de las tareas, y cuánto más perfeccionista tratamos de ser más nos cuesta aceptarlos. Si sentimos que algún acontecimiento o circunstancia no ocurre cómo esperábamos probablemente sentimos que no lo tenemos todo bajo control, y justo a partir de ese momento comienzan los miedos y las inseguridades.

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Seguramente nos han vendido que somos mejores cuando lo controlamos absolutamente todo, pero sin darnos cuenta que ahí empieza nuestro propio calvario interior. Dejamos de acordarnos cuando fue la última vez que nos equivocamos y aprendimos sobre ello, pero sí tenemos únicamente muy en cuenta lo bien que hemos preparado la mesa, la comida o lo bien que quedamos con aquella persona o en aquel empleo.

¿Conocemos realmente lo que significa “perfeccionismo”?

Podemos definirlo exactamente como la actitud constante que posee una persona, la cual tiende a buscar la perfección en lo que hace, mejorándolo de manera indefinida sin decidirse a considerarlo nunca acabado.

Sin ser muy profundos sabemos que esto nos lleva a lograr mayor cantidad de objetivos y una supuesta mayor satisfacción personal pero, ¿sabemos cuándo parar?.

Seguramente no. Ser perfeccionistas en exceso nos hace vivir en continúa tensión. Probablemente sentimos un miedo bastante grande y nos planteamos, ¿qué ocurre si no lo consigo?, ¿y si me equivoco?, ¿qué pensarán de mí los demás?. Perdemos la naturaleza del ser humano a equivocarse y adquirir la enseñanza que eso conlleva.

Seguramente nos angustiamos con facilidad y además ni siquiera somos capaces de celebrar nuestros logros seguidamente ya estamos pensando en el siguiente. No sabemos estar quietos sin hacer nada, es cómo una continúa necesidad de tener que estar haciendo algo sino sentimos que desperdiciamos el tiempo y se nos olvida que nos perdemos a nosotros mismos.

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¿Qué es bueno saber?

Es bueno saber la diferencia que existe entre continuamente exigirte hacer las cosas bien o mejorar las cosas cuando se puede, sin angustia ni estrés, sabiendo que si no podemos o en ese momento no somos capaces de ello, seguimos siendo igual de valiosos e importantes. Es bueno saber que no tenemos que restarnos valor sino quedarnos teniendo en cuenta que, al menos, lo hemos intentado, sin tener en cuenta cuál ha sido el resultado.

Es bueno saber que el perfeccionismo nos hace perder y sufrir muchos aspectos de nuestra vida. Seguramente nunca te hayas planteado esta seria de cuestiones:

  • ¿Tengo siempre la necesidad de ser el mejor o el primero en todo?.
  • ¿Tengo la sensación constante de que siempre tengo que estar mejorando cómo soy, lo que estoy haciendo o he hecho?.
  • ¿Te sientes en un bucle continúo de estrés y ansiedad?.
  • ¿Atrasas actividades en las que no te sientes completamente seguro de ti mismo?.

Si tus respuestas son afirmativas eres una persona perfeccionista. Esto no es malo, lo malo es seguir continuando por esta senda sin ser plenamente consciente de ello. Y lo que es aún peor, sufriendo por el hecho de no conseguir siempre lo que nos proponemos, o porque las cosas no salen como queremos. Probablemente en alguna etapa de tu vida sentiste que tenías baja autoestima y empezaste a agarrarte de a ello.

¿Con qué pensamientos podemos relacionar el perfeccionismo?

Todo cuanto pensamos sobre nosotros mismos se refleja en nuestra manera de actuar. Seguramente sentimos la necesidad de sentir la aprobación de ciertas personas, tenemos temor al rechazo, solemos tener pensamientos de modo radical no observamos la gama de grises o tiene que ser blanco o negro, mantenemos una percepción no acertada sobre nosotros mismos y solemos clasificar los errores como fracasos o soy un inútil, no valgo para nada.

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Cambiando los hábitos…

Hoy te invitamos a que te observes sin juzgarte y te escuches sin justificarte. No tienes que ser perfecto en todo lo que haces ni cómo lo haces. La vida nos enseña a que es necesario equivocarse para conocernos un poquito más cada día a nosotros mismos a nuestra propia esencia.

Cuando intentes algo y no lo logres no te machaques sólo piensa lo intenté. Siéntete bien no haciendo nada disfrutando de un día para si sin exigencia. Sólo necesitas la aprobación de ti mismo, nadie te juzga.

El primer paso es aceptar para poder mejorar.

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