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Descubre por qué es recomendable eliminar el azúcar blanco y el azúcar refinado de nuestra dieta diaria y de nuestra propia alimentación.

¿Sabías que, a día de hoy, se producen en todo el mundo más de 120 millones de toneladas de azúcar blanco o refinado? Sólo atendiendo a estas estadísticas podemos percatarnos en realidad del consumo tan extendido de este tipo de endulzante. Se utiliza para todo: para endulzar postres de todo tipo, determinados platos, y bebidas tan comunes y habituales como el café o el té. De hecho, es bastante común consumir azúcar blanco varias veces al día; por ejemplo, si desayunas café con leche es bastante probable que lo uses como endulzante. Y si además, después de comer o a media tarde vuelves a hacerte otro café, ¿a que seguro que lo vuelves a usar como endulzante?

Aunque en origen el azúcar blanco es extraído tanto de la remolacha como de la caña de azúcar (es decir, en un primer momento es un alimento natural), en el proceso de obtención se utilizan productos químicos y procedimientos de cocción a altas temperaturas.

Eliminar el azúcar de la dieta

¿El resultado? Se pierden todos sus nutrientes esenciales, especialmente minerales, vitaminas y fibra, de forma que un alimento que en origen era natural y rico en nutrientes se convierte en un producto industrial y químico que sólo aporta calorías vacías.

¿Cómo se obtiene el azúcar blanco refinado?

Para la obtención del azúcar blanco refinado, en un primer momento se obtiene de la caña de azúcar, la cual es picada en máquinas y mediante presión se extrae su jugo, agregándose agua caliente para extraer el máximo de sacarosa.

Luego pasa por un proceso de clarificación, en la que se eleva la temperatura del jugo y se separa un jugo claro. Es posible que en esta etapa se utilicen huesos o cal (que ayudan a separar los compuestos insolubles), o bien dióxido de azufre gaseoso con el fin de blanquearlo.

El jugo se evapora y se obtiene una especie de jarabe, que es de nuevo purificada en un clarificador. De la cristalización se obtienen los cristales y líquido. Con el centrifugado se separan los cristales del líquido, se seca en secadoras de aire caliente y finalmente es enfriado en enfriadores de aire frío en contracorriente.

¿Por qué es tan poco saludable?

Muy sencillo: fundamentalmente porque durante el proceso de elaboración se han perdido todos sus nutrientes esenciales, pasando de un alimento natural rico en vitaminas, minerales y fibra a un alimento que sólo aporta calorías vacías.

Las calorías vacías son alimentos que aportan mucha energía, pero sin embargo apenas aportan nutrientes (incluso hay alimentos muy ricos en este tipo de calorías que no aportan ningún nutriente).

De esta forma, se convierten en alimentos que, entre otros aspectos, aumentan el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, al producir un aumento calórico directo, estimular el apetito, causar efectos metabólicos adversos y reemplazar alimentos saludables.

Teniendo en cuenta que el azúcar blanco destaca precisamente por su nulo contenido en nutrientes, y su alto aporte calórico, es evidente que nos encontramos ante un producto –químico, no lo olvidemos- que no debería estar en nuestra dieta.

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¿Cuáles son sus efectos en nuestra salud?

  • Nos ‘roba’ nutrientes: para que nuestro organismo sea capaz de asimilarlo y metabolizarlo, el azúcar blanco necesita calcio y vitaminas del grupo B, como la vitamina B1. Si tenemos en cuenta que el azúcar blanco no aporta nutrientes, y que por tanto no aporta ni calcio ni vitamina B1, nos encontramos con que se trata de un producto que literalmente ‘roba’ los nutrientes de nuestro organismo. En caso de existir carencia de vitamina B1, aparecen trastornos en el sistema nervioso, como nerviosismo, depresión, hormigueo y palpitaciones. Además, favorece la proliferación de parásitos intestinales.
  • Desmineralización y pérdida de vitaminas: dado que el azúcar blanco necesita de minerales y de vitaminas para su metabolización, este proceso disminuye la capacidad de absorción de nutrientes, favoreciendo además la aparición del metabolismo lento. Esto provoca falta de energía, caída del cabello, fatiga y problemas digestivos y estomacales.
  • Puede influir en la aparición de diabetes: dado que el azúcar refinado entra muy rápido en el torrente sanguíneo, provoca que el páncreas segregue una grandísima cantidad de insulina para que éste pueda ser transportado a los órganos. Todo ello somete al páncreas a un ‘estrés’ que causa que sea menos eficiente. ¿El resultado? A corto plazo impide una correcta asimilación de los alimentos. Mientras que a largo plazo influye en la aparición de diabetes.
  • Favorece el sobrepeso y la obesidad: precisamente por el proceso que indicábamos en el apartado anterior. Al producir picos de insulina, los cuales no pueden ser almacenados, esta glucosa se convierte en reservas de grasa.
  • Enemigo de tus dientes: cuánta más azúcar blanca o refinada consumas mayor probabilidad tendrás de sufrir caries dental. Sobretodo si este producto es consumido desde la infancia (por ejemplo, con el consumo de refrescos o gominolas).

¿De verdad que aún no te has convencido de por qué debes eliminar de tu dieta al azúcar blanco y cualquier otro tipo de azúcar refinado?

Imágenes | samantha celera / Michael Cannon

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