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Si tomas bebidas calientes o muy calientes (té, café, mate, sopas y caldos...) debes saber que es una práctica peligrosa que puede aumentar el riesgo de sufrir cáncer de esófago. Te descubrimos por qué.

Es bastante posible que en algún que otro momento también te haya ocurrido: tienes tantas ganas de tomarte esa taza de té o esa taza de café bien caliente que en lugar de esperarte, desde el momento en el que te la sirven optas por darle un sorbo… Con la desventura de quemarte los labios y gritar a los cuatro vientos.

O, también puede ser, que prefieras bebidas y alimentos realmente calientes y que en realidad disfrutes comiéndolos a temperaturas altas.

Sea de una forma o de otra, siempre se ha sospechado acerca de los riesgos de tomar bebidas muy calientes, así como de comer alimentos a altas temperaturas, sin esperar a que ambos se enfríen un poco.

Y es que, como se ha sospechado siempre sobre todo desde un punto de vista médico, el problema no es solo el hecho de quemarnos o no la lengua y la boca. El riesgo, como hemos conocido hace poco tiempo, es aún más peligroso.

Hace algún tiempo la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) encargó a 23 científicos analizar las posibles consecuencias de consumir bebidas calientes (mate, té, café…).

Para ello analizaron por ejemplo estudios científicos llevados a cabo con anterioridad en países como China, Irán, Turquía y Sudamérica. En los países orientales citados es muy común beber té a temperaturas altas. Mientras que en Sudamérica, como de buen seguro sabrás, la bebida caliente por excelencia es el mate. Lo mismo ocurriría igualmente con el café.

Tras este análisis, el equipo de expertos concluyó que beber cualquier bebida muy caliente –en torno a unos 70 grados centígrados- aumenta el riesgo de cáncer de esófago, cuyo riesgo aumenta precisamente en función de la temperatura de la bebida, de manera que cuanto más alta sea esa temperatura el riesgo será igualmente mayor.

De acuerdo a los científicos, “los resultados muestran que ingerir bebidas muy calientes probablemente causa cáncer en el esófago”. Es más, el problema no vendría del tipo de bebida en sí sino de la temperatura que alcanza, y la temperatura a la que en definitiva esta bebida es ingerida.

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Podemos poner en este sentido como ejemplo unas bebidas tan saludables como es el caso del té o del mate, bebidas de hecho con propiedades antioxidantes que ayudarían a reducir el riesgo de padecer determinados tipos de cánceres cuando son consumidas con regularidad. Cuando la temperatura a la que se toman es muy alta (por encima de los 70 grados centígrados), ese beneficio se reduciría hasta el riesgo de convertirse en una “bebida peligrosa”.

Lo mismo ocurriría con otras bebidas aparentemente saludables, como por ejemplo es el caso del café.

Por qué las bebidas calientes producen cáncer de esófago

Cuando tomamos una bebida muy caliente el calor produce irritación en el esófago. Cuando estas bebidas son consumidas de forma regular siempre a altas temperaturas, esa irritación se convierte en una inflamación crónica del tejido del esófago, lo que ocasiona una proliferación celular con el fin de repararlo.

Es esta proliferación celular la que ocasionaría un riesgo mayor de que se produzcan mutaciones cancerígenas, y con ello un riesgo mayor de cáncer de esófago.

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¿Qué es el esófago?

El esófago es una parte del aparato digestivo que comunica la faringe con el estómago, y que consiste en una especie de tubo muscular de alrededor de 25 centímetros de largo. A través de este tubo pasan los alimentos y bebidas que consumimos, concretamente desde la faringe hasta el estómago.

Por lo general es relativamente duro y resistente de la misma forma que lo es cualquier otro órgano. Se divide por lo general en tres secciones diferenciadas: cervical (en la parte superior), torácica (en el centro) y abdominal (en la parte inferior).

¿En qué consiste el cáncer de esófago? ¿Es peligroso?

El cáncer de esófago, también conocido médicamente como cáncer esofágico es un tipo de cáncer poco común, el cual de presentarse suele hacerlo sobre todo con frecuencia en hombres mayores de 50 años.

Existen dos tipos principales de cáncer de esófago: el adenocarcinoma y el carcinoma escamocelular. Este último cáncer está asociado con el consumo de alcohol regular y/o excesivo y con el tabaquismo. Sin embargo, el adenocarcinoma es el más común, que surge con frecuencia tras el síndrome de Barret o la enfermedad de reflujo de ácido (que puede convertirse a su vez en el síndrome de Barrett).

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Sus síntomas suelen ser los siguientes: regurgitación (movimiento de devolución del alimento a través del esófago), dolor torácico, dificultad para deglutir líquidos o sólidos, acidez gástrica, vómitos de sangre y pérdida de peso sin explicación.

Se trata por lo general de un tipo de cáncer de mal pronóstico, habitualmente porque no suele diagnosticarse ni identificarse en las etapas más precoces. El motivo es que cuando surgen algunos de los primeros síntomas (como la incapacidad para tragar bien), el tumor puede ya haber alcanzado los 3 centímetros.

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