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El sobrepeso y la obesidad en los niños se han convertido en un auténtico problema. ¿Cuáles son sus causas y cómo prevenirlo? Y sobre todo, ¿qué pueden hacer los padres para tratarlo?.

Las estadísticas que muestra la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca de la obesidad son muy alarmantes. Desde 1980, la obesidad se ha doblado en todo el mundo y concretamente en 2014, 41 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso o eran obesos.

La OMS categoriza la obesidad como una epidemia global y la define como: “una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud y que afecta a todas las edades y grupos socioeconómicos. En España casi el 30% de la población adulta padece obesidad. La obesidad infantil es por tanto aquella que afecta a los niños.

Todo sobre la obesidad infantil

El Índice de Masa Corporal (IMC) es un estándar que calcula el baremo ideal de una persona atendiendo a su peso, talla y estatura. En el caso de los niños también se contempla la variable del crecimiento.

Muchos estudios han afirmado que el 80% de los niños que padecen de obesidad o sobrepeso lo siguen manteniendo desde adultos con las consecuencias que ello conlleva.

Causas de la obesidad infantil

Podemos reducir las causas de la obesidad infantil en tres grandes bloques: causas genéticas, causas ambientales y causas psicológicas.

Causas genéticas

La obesidad puede heredarse de padres a hijos, por lo que también es trabajo de los adultos evitarles esta enfermedad. Cuando uno de los dos padres está obeso, la probabilidad de que su hijo también lo esté es de 4 veces más de la norma, y en el caso de que sean ambos la cifra asciende a 8 veces más. Sin embargo esta causa no es una de las más determinantes.

Causas ambientales

En primer lugar, los hábitos que previamente se lleven en casa, serán aquellos que el niño adquiera por imitación. Si acostumbramos a comer alimentos grasos o no recomendados con una alta frecuencia o si mantenemos vidas sedentarias, cuando estemos criando a nuestro hijo tenderá a acercarse a los productos menos saludables y a realizar actividades pasivas como ver la tele o jugar a videojuegos.

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Causas psicológicas

La comida no solo para los niños, sino también para los adultos a veces ejerce un placer compensatorio de otros problemas como pueden ser: el estrés, la inseguridad o el simple aburrimiento De esta forma comemos sin ganas y por el simple hecho de desarrollar una actividad para olvidar otras. Los alimentos a los que suelen acudirse en estas ocasiones no son otros que dulces, chucherías, papas fritas, etc.

No te pierdas: Consecuencias de la obesidad

¿Qué pasa si mi hijo es obeso?

Ya de por sí el sobrepeso y la obesidad hacen a nuestros hijos más propensos a tener enfermedades como la diabetes, la hipercolesterolemia e hipertensión arterial entre otras. Como ves, las enfermedades que estamos asociando la obesidad no son para nada simples, es más, pueden acompañarlos el resto de su vida.

Además de consecuencias físicas, las consecuencias psicológicas también hacen su aparición. Los niños están en edades en las que necesitan la aprobación de los demás y la reafirmación de su propia personalidad, pues esta a veces puede llegar a estar minada por el exceso de peso. No de forma voluntaria y con el propósito de herir tu hijo puede ser señalado lo que le provocará una baja autoestima al no estar conforme con su aspecto y derivar en depresión infantil.

Y recuerda, a estas edades el único que puede cambiar esta situación eres tú. Tú eres el que decides la comida que entra en casa y la actividad diaria a realizar, está en tus manos.

Remediando y previniendo la obesidad infantil

Vale, mi hijo es obeso… ¿Y ahora? ¡Qué hago! No te preocupes, a estas edades el organismo responde y se adapta más fácilmente a cambios de alimentación y ejercicio físico.

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El problema de que nuestro hijo aumente de peso se reduce a un aspecto muy concreto (a excepción de aquellos tipos de obesidad que estén relacionados con fármacos o con desórdenes en el metabolismo): nuestro hijo INGIERE MÁS CALORÍAS DE LAS QUE QUEMA. Ese es el secreto.

Por tanto, conociendo ya la raíz del problema podemos poner asunto. Debemos de equilibrar lo que nuestro hijo come con lo que gasta. Recomendamos firmemente acudir a un profesional que adaptará ambos aspectos de forma personalizada a tu hijo.

Algunos consejillos sencillos:

  • Llena tu nevera de alimentos que consideramos sanos tales como verduras y frutas.
  • Sustituye los aperitivos y las chucherías por algunas de elaboración propia como pueden ser helados de fruta natural.
  • No prohíbas alimentos porque ello crea ansiedad en el niño, pero sí regula la cantidad de alimentos no recomendados ingeridos.
  • Come con tu hijo y sírvele de ejemplo.
  • Evita los restaurantes de comida rápido y déjalos para ocasiones contadas y en ningún momento lo asocies a premios.
  • Llévalo a parques y actividades al aire libre.
  • Ayúdalo a elegir una actividad o deporte activo que lo motive y anímalo a participar.

Estos pequeños cambios no has de realizarlos de forma repentina ya que creará un rechazo en el niño, pero si vas acercándote poco a poco a este estilo de vida todos los miembros de la familia se verán beneficiados y ayudarás a tu hijo a perder esos kilos de más.

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