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Muchos pediatras y nutricionistas aconsejan comer en familia, no solo preparando la comida con nuestros hijos sino también sentándonos a la mesa y comiendo con ellos. Descubre cuáles son sus ventajas.

Con la vida estresante que llevamos y la rapidez a la hora de hacer las cosas, en muchas familias, las comidas son distintas y diferentes a la vez, para cada miembro de ésta. Comer en familia proporciona una serie de buenos hábitos alimenticios y sociales que ofrecen herramientas de ayuda para que niños y adolescentes coman mejor y respeten buenas prácticas.

La Universidad Complutense de Madrid establece que las comidas familiares son algo más que ingerir alimentos al mismo tiempo y tienen importantísimas repercusiones, tanto en la salud, en la educación como en el comportamiento de niños y adolescentes. Y esto más allá de las ventajas nutricionales.

Las ventajas de comer todos en familia

Los beneficios de comer en familia con nuestros hijos

Niños más sanos

Comer por lo menos tres comidas en familia todas las semanas está asociado con tener niños sanos, según un estudio publicado en Pediatrics. En base a este, realizar 3 o más comidas a la semana en familia reduce en un 12% la probabilidad de que los niños tengan sobrepeso.

No debe haber un excesivo control, porque podemos producir el efecto contrario, pero sí establecer unos patrones alimenticios sanos. Es por ello que el estudio también concluyó que aquellas familias que lo hacían juntas, por lo menos 3 veces a la semana, notaron una bajada del 20% en la elección de alimentos para comer poco saludables.

Mayor comunicación

La reunión invita a que todos estén más participativos, fomentando la comunicación entre padres y mayores. Aunque no suele ser habitual es también muy favorable no solamente que coman padres e hijos juntos, sino también abuelos, con el fin de conseguir una comunicación más abierta y sentir mucho más la pertenencia familiar.

Experiencias emocionales y nutritivas

Según la Universidad Complutense de Madrid, estas comidas suelen ser la base para elaborar los recuerdos de alimentación que se forman en la infancia y que luego perduran en la vida. Esto es la suma de experiencias sensoriales que intervienen en la alimentación, en el tacto y en el gusto, y ello determina, de alguna manera, nuestras elecciones alimentarias.

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Las influencias en la salud mental de los menores

Los resultados de un estudio indicaron que los hijos de familias que comían normalmente juntas tenían un mayor nivel de autoestima, se relacionaban mejor con sus compañeros y presentaban una mayor capacidad de tolerancia frente a la adversidad. Es más, el estudio concluyó que también presentaban menos problemas de salud mental que sus compañeros.

Prevenir los problemas alimentarios

Cuando todos juntos comen, es mucho más fácil detectar cuando hay un problema serio de salud y de tipo alimentario. Vemos lo que comen o no nuestros hijos y entendemos si puede estar pasando por algún trastorno, e incluso, con el diálogo, reconocer si tiene otros problemas aunque no sean de tipo alimentario.

Consejos para una buena comida familiar

Estar en familiar no es suficiente para que se lleven a cabo las ventajas antes mencionadas. Es necesario establecer una serie de buenos hábitos y rodearse del mejor ambiente para que los niños coman y se sientan bien.

Por ejemplo, una gran parte de los pediatras coinciden en señalar que es mejor comer con la televisión apagada, no mirar el móvil, ni hablar por teléfono, es decir, que haya una concentración máxima en la comida y en aquellas personas que tengamos a nuestro alrededor. También se recomienda hacer comidas con suficientes frutas y vegetales, dejando atrás los azúcares y las grasas.

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Aunque cada familia es distinta y cada niño también, con las reuniones familiares se busca armonía, de manera que es mejor no forzar al niño a que se acabe todo el plato, tendrá suficiente cuando esté lleno, siempre dentro de unas normas a seguir.

Tampoco es bueno premiar al niño cuando se acabe el plato o coma algo que no es de su agrado, está bien reconocerle este hecho, pero no darle premios cada vez que termine algo nuevo. Los niños se malacostumbran a pedir siempre su premio, con lo que creamos un círculo vicioso del que es complicado escapar.

Antes de la comida en familia, es bueno que el niño pueda realizar también los platos, ayudar en la cocina, ver los alimentos crudos, su elaboración y a poner y quitar la mesa como algo más de la rutina familiar.

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