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Las uvas son unas frutas deliciosas muy ricas en antioxidantes naturales, los cuales ofrecen beneficios para proteger la salud de los ojos al cuidar la visión y prevenir la degeneración macular.

Es bastante posible que, al igual que a nosotros, las uvas te gusten por su delicado y dulce sabor, y sobre todo por la amplísima diversidad de beneficios que aportan. Como de buen seguro sabrás, básicamente consisten en el fruto de la vid, una planta que crece y que las produce en forma de racimos. Pueden comerse solas, ya sea frescas o secas (destacan por ejemplo en este punto las conocidas como uvas pasas), o bien son habitualmente utilizadas para la elaboración de distintas bebidas con y sin alcohol como ocurre con el mosto, el vino y el vinagre.

¿Sabías que dependiendo de la variedad las uvas pueden ser negras o amarillas? Por otra parte, dependiendo de su evolución y desarrollo también podemos encontrarlas con colores anaranjados, dorados, morados, blancos y marrones. En lo que se refiere a las variedades más consumidas y cultivadas destaca especialmente la variedad Vitis Vinifera, muy característica de la Europa mediterránea y también de Asia central.

Los beneficios de las uvas para la vista

Sobre sus beneficios, son ideales contra la hipertensión arterial gracias especialmente a su alto contenido en flavonoides, unos compuestos con beneficios antioxidantes los cuales actúan mediante un efecto protector, ayudándonos de forma muy positiva a la hora de reducir la presión arterial elevada. En este sentido, se considera que la tensión arterial es elevada cuando se sitúa por encima de 140/90 a 159/99 mmHg, aunque existe una condición conocida médicamente como prehipertensión, que es aquella tensión que se sitúa en 120/80 a 139/89 mmHg.

Por ello también son muy útiles cuando tenemos el colesterol elevado, ya que como demostró hace algunos años un estudio científico llevado a cabo por estudiosos de la Universidad Complutense de Madrid, consumir un extracto a partir de la fibra dietética que encontramos en la uva ayuda a reducir los niveles  de colesterol total en un 14% y de colesterol LDL (malo) en un 11,6%.

Los beneficios de las uvas para la visión y la vista

Seguramente sabes que las uvas se convierten en una fruta excelente para el cuidado y la protección de la visión, gracias a su elevado contenido en antioxidantes naturales los cuales son muy útiles a la hora de prevenir y retrasar la evolución de la degeneración macular.

Es una fruta ideal para quienes trabajan diariamente delante de la pantalla de un ordenador. ¿Por qué? Fundamentalmente porque ayuda a cuidar y proteger la visión, evitando el daño progresivo que se tiende a producir por este uso tan habitual y cotidiano. Es más, ayuda a prevenir la aparición de las cataratas.

uvas

Para disfrutar de estas cualidades protectoras solo es necesario comer un puñado de uvas diariamente, siempre que se encuentran disponibles en el mercado dado que no debemos olvidarnos que nos encontramos ante una fruta de temporada, solo siendo posible comerlas sobre todo durante los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre.

¿Qué es la degeneración macular?

La degeneración macular es un trastorno que causa la oxidación de la retina, estando sobre todo asociada a la edad. Básicamente consiste en una enfermedad del ojo causada precisamente por la degeneración, por daños o por el deterioro de la mácula, una capa amarillenta de tejido sensible a la luz que encontramos en la parte posterior del ojo, concretamente en el centro de la retina. Es causada por daño a los vasos sanguíneos que irrigan la mácula, dañándola también.

degeneracion-macular

Entre los síntomas que provoca podemos mencionar que la persona que la sufre presenta dificultades para leer y para ver como consecuencia de la aparición de una visión más borrosa, al perderse agudeza visual y pérdida de nitidez. Es decir, tienen dificultades para leer correctamente y para visualizar detalles finos.

Es muy común en personas de más de 60 años, de ahí que sea habitualmente nombrada como degeneración macular asociada con la edad (DMAE o DME). De hecho, tiende a ser poco habitual antes de los 55 años, y se observa con bastante frecuencia en adultos de más de 75 años.

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