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¿Sabes de dónde proviene el cacao y la bebida de chocolate? Hoy queremos acercarte a esta maravillosa leyenda sobre el origen del chocolate, la cual llega directamente de México.

¿Sabes que el chocolate, o mejor dicho el cacao, proviene de México? Se remonta a casi 4000 años, existiendo constancia tanto histórica como arqueológica hacia el año 2000 a.C., al encontrarse una primera aldea de pequeño tamaño situada en el valle de Ulúa (Honduras) en la que el chocolate poseía un papel central, con presencia de tazas que se utilizaban de forma exclusiva en la preparación y consumo de Xocoatl (la bebida de chocolate original).

De hecho, el árbol del cacao (conocido científicamente con el nombre de Theobroma cacao) crecía de manera natural en las distintas selvas tropicales presentes en el Orinoco y Amazonas, empezándose a cultivar en Centroamérica.

La leyenda del chocolate

Poco después, en tiempo de los aztecas, los granos del cacao eran utilizados como moneda de cambio, hasta que alguien trituró las semillas y las mezcló con agua, descubriendo una maravillosa y auténtica bebida.

La palabra cacao proviene de la palabra azteca “cacahuatl”. Para los mayas simbolizaba la longevidad, la fuerza y el vigor físico, de manera que era utilizado no solo como bebida afrodisíaca sino como medicina estimulante, relajante y reconstituyente.

Fueron ellos quienes comenzaron a elaborar un brebaje de sabor amargo y espumoso conocido con el nombre de “chocolha“, elaborado a partir de semillas de cacao y que se acompañaba de maíz, especias o chile picante.

Pero no se puede contar la historia y origen del chocolate sin recordar la maravillosa leyenda maya del chocolate. Una leyenda que ha llegado hasta nuestros días y que describe la historia del cacao.

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La leyenda del chocolate

Quetzalcóatl era considerado para los mayas como el Dios de la Sabiduría. Cuenta la leyenda que un día descendió con los toltecas haciéndoles algunos regalos: por ejemplo, les hizo dueños del frijol, del maíz y de la yuca, brindándoles la posibilidad de que nunca les faltara ningún alimento.

Gracias a ello pudieron emplear sus horas en estudiar, convirtiéndose así en grandes y maravillosos escultores, artesanos y arquitectos. Poco después, como muestra de su amor hacia los toltecas, decidió regalarles una planta que anteriormente Quetzalcóatl había robado a sus hermanos.

Sustrajo el arbusto con hojas de color rojo y la plantó en los campos de tula. Así, solicitó a Xochiquetzal que la adornara con sus flores y a Tláloc que la alimentara con su lluvia.

Con el paso del tiempo el arbusto creció y comenzó a dar sus frutos. Fue así como le enseñó a recogerlos, tostarlos, molerlos y batirlos con agua en jícaras. Fue así como obtuvieron el Chocolate, una bebida maravillosamente mágica que solo podían disfrutar los nobles, los sacerdotes y los dioses.

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Pero el pueblo empezó a consumir esta rica bebida, convirtiendo así a los toltecas en artistas y constructores sabios, gracias a las cualidades estimulantes y reconstituyentes del chocolate. Esto despertó la envidia y la furia de los dioses.

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Un día uno de los dioses se disfrazó de mercader, y le ofreció a Quetzalcóatl una bebida llamada tlachihuitli con la que le prometió olvidar sus problemas y penas. El dios se embriagó profunda y rápidamente, y sintió tanta deshonra y vergüenza hacia sus hermanos que decidió marcharse para siempre.

Pero a su partida, justo antes de marcharse, se percató que todas las plantas del cacao se habían secado. Fue cuando arrojó las últimas semillas de cacao en Neonalco (actual Tabasco), que finalmente florecieron bajo su mano y llegaron hasta nuestros días.

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