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La educación vial es muy importante, sobre todo cuando se enseña desde que los niños son pequeños, ya que les ayuda a tomar conciencia como peatones ahora y como conductores de adultos.

La Educación vial es uno de los temas trasversales que se dan en las escuelas. Por temas trasversales entendemos aquellos que pese a no constar en el currículo oficial con objetivos, contenidos y criterios de evaluación, son nombrados como esenciales para complementar la educación de las personas.

El Estado Español hace especial hincapié en este asunto ya que es el 5º país europeo donde más accidentes de tráfico suceden y por tanto donde más personas pierden la vida a consecuencia de estos.

La educación vial en los más pequeños

Los accidentes ocurren y no siempre podemos prevenirlos, pero una buena educación vial desde edades tempranas no solo crea una conciencia más profunda acerca de la seguridad en la carretera (tanto como conductor como peatón) sino que proporciona información acerca de las normas de tráfico.

Por su parte, el conocimiento general de las normas de circulación por parte de toda la población hará que cada persona sepa lo que ha de hacer en cada situación evitando así las acciones inesperadas para el conductor o peatón. Este tema nos resulta de necesario tratamiento en las escuelas ya que tan solo en el año 2012 un total de 5.959 niños salieron heridos o perdieron la vida.

Enseñando a ser peatón y usando el cinturón de seguridad

Estos dos aspectos son quizá los más visibles para un niño que comienza a andar y a comprender el significado de “seguridad vial”. Sin embargo desde casa, como todo, comienza la educación vial.

Muchas veces con las prisas decidimos saltarnos semáforos en rojo como peatones (o incluso como conductores en algunas ocasiones). Miramos a un lado y a otro, vemos que no viene nadie y corremos de una acera a la otra. Incluso lo hacemos delante de nuestros hijos y les recalcamos que lo que estamos haciendo está mal, y sin embargo lo hemos hecho. Nos encanta la frase “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, pero queda más que demostrado que el ejemplo es la mejor forma de inculcar los valores. Las palabras se las lleva el viento, pero los hechos quedan en la retina.

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Pues este es el primer paso: jamás cruzar en rojo con nuestro hijo (y preferiblemente cuando estamos solos tampoco) y siempre llevar puesto el cinturón de seguridad.

Muchos niños se quejan cuando se les pone el cinto, pero debemos de recalcarles que el cinturón es tan necesario ponerlo como lo es ducharse todos los días. No es una opción, es un deber.

Enseñando a ser conductores responsables

Aunque parezca algo imposible, nuestra forma de ser al volante va a condicionar a nuestro hijo, no solo en su futuro como conductor, sino en la concepción de lo que significa la carretera.

Hemos de hacerles conscientes de las responsabilidades que un conductor ha de tener antes, durante y después de conducir. Con esto nos referimos al uso del casco, la buena alimentación para poder estar alerta y mantener la atención en todo momento, evitar coger el coche en condiciones de estrés, realizar descansos y no ponerse al volante cuando uno siente sueño o fatiga, controlar la velocidad y adecuación a las normas viales, etc.

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De esta forma nuestro hijo observará, por ejemplo, que tras varias horas de conducción es necesario pararse a estirar las piernas, tomar azúcar y descansar algunos minutos. Este hecho hará que valore su seguridad y la de los que lo rodean.

Obviamente y no hace falta mencionarlo, nunca, jamás y bajo ningún concepto conducir bajo la influencia del alcohol, drogas o medicamentos que expresamente indiquen la imposibilidad de estar tras el volante.

Enseñando el impacto medioambiental del tráfico

Los gases nocivos que un vehículo cualquiera emite al medioambiente son una realidad que está siempre muy presente y que todos los países tienen como objetivo anual: la reducción de emisiones.

Cada ciudadano es también responsable de estas emisiones en mayor o menor medida y por ello debemos de ser consecuentes y evitar el máximo de emisiones que nos sea posible. Hemos de enseñar que siempre es mejor emplear el servicio de transporte público que el coche particular y que para trayectos cortos es mejor emplear medios que no generen gases nocivos (andando, bicicleta, patines…).

Tengamos siempre presente que vivir en la Tierra es solo un préstamo y que debemos devolverla tal y como la encontramos a las generaciones venideras.

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