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La fenilalanina forma parte del aspartamo, un edulcorante artificial que a grandes dosis puede ser nocivo para la salud. Descubre por qué.

Aunque es cierto que la fenilalanina se caracteriza por ser un aminoácido esencial (es decir, fundamental para nuestro cuerpo porque éste no es capaz de producirlos por sí mismo), que entre otras funciones básicas nuestro cerebro utiliza para la producción de noradrenalina, también es conocido por formar parte del aspartamo, un edulcorante artificial que de forma muy común –y habitual- podemos encontrar en diferentes alimentos, bebidas y productos dietéticos.

Fenilalanina como edulcorante

De hecho casi con seguridad que, en algún momento, habrás echado un vistazo a tu bebida de refresco habitual edulcorada (por ejemplo, la Pepsi Light o la popular Coca Cola Zero) y te habrás percatado del siguiente mensaje: contiene una fuente de fenilalanina.

Efectivamente, se trata de una parte de la composición del aspartamo, un edulcorante artificial que encontramos en la mayoría de alimentos dietéticos, siendo muy común su uso en bebidas refrescantes.

¿Por qué se avisa de que un producto contiene una fuente de fenilalanina?

El motivo principal es que no se recomienda el consumo de productos con fenilalanina ni por embarazadas ni por pacientes con fenilcetonuria (es decir, fenilcetonúricos).

En el caso de la fenilcetorunia, se trata de una enfermedad genética debida a la carencia de la enzima fenilalanina hidroxilasa o la dihidropterina reductasa, cuya deficiencia provoca que la fenilalanina se degrade en una ruta metabólica alterna hacia fenilpiruvato, neurotóxico que afecta de manera grave al cerebro durante el desarrollo y el crecimiento. Precisamente la acumulación de fenilpiruvato causan oligofrenia fenilpirúvica, que se caracteriza por un cociente intelectual inferior a 20.

En lo que se refiere al consumo de aspartamo, en la Unión Europea se aconseja un valor límite no superior diario de 40 mg/kg de peso corporal. Por ejemplo, para una persona de 70 kg. equivale a 2800 mg, que supone –evidentemente- una cantidad tremendamente excesiva, de ahí que sea habitual que no se supere el consumo recomendado.

Imagen | reggie35

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