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Recientemente hemos conocido el caso de Maria Strydom, una doctora vegana que quería llegar al Everest para demostrar que los veganos no son débiles, pero falleció tras sufrir mal de altura.

Recientemente hemos conocido el desafortunado caso de Maria Strydom, una mujer australiana de 34 años que el pasado viernes falleció durante el descenso del Everest. ¿Qué objetivo buscaba al llegar a la cima más alta del mundo, y conquistar así las siete mayores montañas de la Tierra, situadas en la cordillera del Himalaya? Que “los veganos pueden hacer cualquier cosa”.

De hecho, una semana antes de afrontar el desafortunado reto Strydom concedió una entrevista a un periódico que edita la Universidad de Melbourne en la que trabajaba. En ella aseguraba que el fin principal por el que llevaba a cabo esta aventura era el de desmentir la creencia generalizada de que los veganos se encuentran “débiles” y “malnutridos”.

Mal de altura

“Parece que la gente tiene una idea de que los veganos estamos malnutridos y somos débiles -afirmaba en la entrevista-. Al escalar las siete cumbres queremos demostrar que los veganos pueden hacer cualquier cosa y más”.

Según las noticias que se han conocido, el pasado viernes Strydom afrontó el ataque final a la cumbre, concretamente desde el Campo Base 4 (considerado como el más alto de la montaña). Mientras que su marido sí logró alcanzar los 8.848 metros de altitud, ella tuvo que regresar luego de empezar a sentirse mal.

Poco tiempo después Strydom fallecía aquejada del mal de altura, al igual que el holandés Eric Arnold, de 35 años, que si bien es cierto también logró conquistar la montaña junto con el marido de Strydom, igualmente falleció en el descenso.

Desde entonces muchos medios se han ido haciendo eco de la terrible noticia, en algunas ocasiones dejando entrever que en realidad fue el hecho de ser vegana lo que provocó que Strydom no fuera capaz de alcanzar la anhelada cima y falleciera poco después. Pero en absoluto es cierto:

¿Qué es el mal de altura?

El conocido como mal de altura, también denominado simplemente como mal de montaña, es una enfermedad que puede afectar a todo aquel que asciende demasiado rápido a una montaña. Generalmente se presenta cuando se alcanza una gran altura (más de 3.000 metros), o incluso cuando tan solo se viaja a ciudades que se encuentran situadas en altura, como es el caso por ejemplo de La Paz de Bolivia).

Es decir, se trata de una enfermedad que puede afectar no solo a viajeros, sino sobre todo a alpinistas, esquiadores y excursionistas.

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Aparece por la combinación de la baja concentración de oxígeno en las grandes alturas y la reducción de la presión atmosférica, y cuando surge aparecen generalmente síntomas leves, tales como: insomnio, cefalea, náuseas, vómitos, pérdida del apetito, sensación de vértigo, mareo, fatiga, pulso rápido y dificultad respiratoria que empeora con el esfuerzo físico.

Sin embargo, también pueden surgir síntomas más graves, como: dificultad respiratoria, cianosis (coloración azulada de la piel), expectoración con sangre, confusión, edema cerebral (tez grisácea o pálida), disminución del estado de la conciencia, incapacidad absoluta para caminar (o para hacerlo en línea recta) y aislamiento de la interacción social. También puede desarrollarse edema cerebral o pulmonar.

El tratamiento médico básico consiste en intentar descender a altitudes más bajas cuanto antes, aplicando oxígeno en mascarilla y haciéndolo mediante un cierto equilibrio racional de seguridad.

¿Por qué el veganismo no fue lo que causó la muerte de la excursionista?

Muy sencillo, fundamentalmente porque el veganismo no pudo en absoluto haber causado el fallecimiento de la excursionista, dado que Strydom falleció al ascender y finalmente descender muy rápido tras intentar alcanzar la cima, como consecuencia de la disminución progresiva de la presión atmosférica y de la presión -parcial- del oxígeno en el aire que inspiraba.

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Es decir, el veganismo lo único que puede causar es desequilibrio o déficit nutricional si no se sigue una dieta correcta y adecuada, pero nunca causar la muerte.

Esto se traduce en algo aún más sencillo: el mal de altura no depende de la forma física de la persona, pudiendo incluso afectar a los atletas y deportistas más experimentados.

Dado que el oxígeno es esencial para la vida, su disminución brusca provoca importantes alteraciones en nuestra salud, de forma que manteniéndose durante un tiempo ciertamente excesivo puede incluso en provocar la muerte.

Por ello es importantísimo, antes del descenso, someterse a un periodo de aclimatación que ayuda a que el organismo se vaya adaptando a las bajas presiones de oxígeno, puesto que el mal de montaña se produce al ascender de forma rápida de una altura determinada a otra mayor, y permanecer a esa altura sin que se haya llevado a cabo una aclimatación previa adecuada.

Visto en  Daily Mail y El Mundo.

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