Aunque existen muchas terapias naturales y alternativas que pueden ayudar mucho a mantener una buena salud, no hay duda que la alimentación viene a ser la terapia más sana, saludable, e incluso menos agresiva que existe.

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No obstante, es hasta cierto punto importante que la dieta esté adaptada a las necesidades y requerimientos en sí de cada persona, puesto que algunas dolencias requieren que algunos alimentos sean adecuados, y otros al contrario totalmente desaconsejados.

Tampoco debemos olvidarnos que, en la actualidad, muchas personas tienen alergias o intolerancias a algunos productos.

Por estos y muchos otros motivos, si queremos utilizar la dieta como terapia, o si deseamos comenzar o seguir un determinado régimen de manera permanente para prevenir enfermedades diversas, lo mejor es acudir a la consulta de un nutricionista.

Éstos, al igual que el propio dietista en sí, se hacen cargo de diseñar dietas totalmente personalizadas según el peso, las necesidades, la edad, el índice de masa corporal, los gustos o los objetivos de cada persona, sin olvidarnos –claro está- del metabolismo.

También tienen en cuenta si la persona necesita o no tomar algún tipo de suplemento alimenticio con el que tratar de evitar alguna carencia, o simplemente para ayudar al sujeto a que mejore la salud.

Como ya vimos por ejemplo con el artículo que dedicamos a la alimentación zen o la dietoterapia naturista, existen muchos corrientes (muchas de esas muy antiguas) que se basan en la alimentación como terapia y que, como no podría ser menos, son igualmente válidas, al ser sanas para la salud.

La cuestión en estos casos es tratar de compensar la toma de los distintos alimentos, para evitar a su vez la carencia de vitaminas y minerales por no comer un determinado grupo.

Más información | Terapia nutricional

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