Los bebés y niños pequeños son más vulnerables al calor. ¿Qué hacer si nuestro hijo sufre un golpe de calor? Te descubrimos los primeros auxilios a seguir y cómo prevenirlo.

Suele ser bastante habitual confundir el golpe de calor de la insolación, ya que aunque ambas son enfermedades evidentemente relacionadas con el calor, la realidad es que son diferentes en cuanto a los síntomas que surgen y las consecuencias que generan o producen. De hecho, es útil conocer sus diferencias para identificarlas de forma exacta y precisa.

Con todo ello, el golpe de calor es un malestar que ocurre cuando nuestro cuerpo se pone demasiado caliente, como consecuencia de una elevación repentina de la temperatura corporal. Entre otros síntomas, puede producir debilidad, dolor de cabeza, mareo, debilidad muscular y/ calambres, vómitos y náuseas, latidos del corazón elevados y deshidratación.

Golpe de calor en bebés y niños

Mientras que, la insolación, consiste en una afección mucho más grave que el golpe de calor. Es más, se trata de una forma particular de golpe de calor, que además de los síntomas de éste se manifiesta también con quemaduras de primer o segundo grado, las cuales afectan a aquellas zonas que han estado expuestas al sol. 

¿Cuáles son los síntomas del golpe de calor en bebés y niños?

Los bebés y los niños pequeños son los que más tienden a sufrir las elevadas temperaturas, convirtiéndose así en los más vulnerables ya que su pequeño organismo aún no puede termorregularse, no siendo capaz de modular de manera adecuada la temperatura del cuerpo en función de la temperatura que hay en el exterior.

De hecho, hasta el primer año la termorregulación del organismo del niño no funciona bien, teniendo además una mayor dificultad para dispersar el calor a través del sudor, al disponer precisamente de una superficie de evaporación muy reducida.

En el caso del golpe de calor sus síntomas pueden presentarse o manifestarse con mayor o menor intensidad, destacando sobre todo los más comunes: aumento de la temperatura corporal (más de 37,3 ºC de temperatura axilar o más de 37,7 ºC de temperatura rectal), desmayo, confusión y calambres en la barriguita.

Síntomas del golpe de calor en niños y bebés

Pero no son los únicos síntomas, ya que también es posible que se produzcan problemas y trastornos en el comportamiento. Por ejemplo, es posible que el niño parezca adormilado, sin tener ganas a hacer nada.

Te descubrimos: Primeros auxilios ante un golpe de calor

¿Qué debemos hacer si el bebé o el niño está sufriendo un golpe de calor?

Es fundamental seguir una serie de pautas básicas cuando el bebé o el niño está sufriendo un golpe de calor. Presta buena nota:

  • Lleva al niño a un lugar fresco: traslada enseguida al niño a un ambiente fresco, a la sombra y que esté perfectamente ventilado. De esta manera conseguirás que la temperatura de su cuerpo descienda.
  • Quita su ropita: si el niño o bebé está vestido trata de desnudarlo y ponerlo semitumbado.
  • Si el niño se marea o sufre un amago de desmayo: en este caso trata de tenderle con los pies más elevados que el resto del cuerpo.
  • Si el niño está consciente: ofrécele para que beba un poco de agua fresca con una cucharada de sal.
  • Si la fiebre es elevada: en caso de que el niño tenga fiebre y además la temperatura sea elevada es necesario enfriar al pequeño. Para ello empapa una toalla o cualquier otro trozo de tela en un poco de agua fresca. También es útil aplicar un poco de compresas frías en la zona de las axilas y en las ingles.
  • Si tarda en mejorar: en caso de que el pequeño tarde en mejorar es mejor acompañar al niño al centro de urgencias más cercano, o bien llamar al 112.
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¿Se puede prevenir?

Dado que en los días de mucho calor los más afectados tienden a ser los bebés  y niños pequeños, hay que tomar algunas precauciones para garantizar su bienestar, y que sobre todo ayuden a la hora de prevenir el golpe de calor.

Así, por ejemplo, es fundamental vestirlos con ropa de algodón y lo más ligera posible, evitar salir a la calle entre las 12 y las 17 horas y en caso de hacerlo colocarlos siempre en lugares a la sombra, refrescarle a menudo con la ayuda de toallitas húmedas en brazos y piernas, ofrecerle agua (especialmente si el niño ya no toma pecho), así como usar los baños de agua fresca.

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