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Cuando preparamos té en casa es muy común cometer algunos errores que nos impiden que la taza de té sea de la mejor calidad. Te descubrimos cuáles son los más habituales para evitarlos fácilmente.

¿Quién no ha podido disfrutar en alguna que otra ocasión de una deliciosa taza de té caliente? Lo cierto es que se trata de una bebida que siempre apetece, no solo en las tardes más frías del año (por ejemplo durante los meses de otoño o invierno), sino también prácticamente en cualquier momento del día y del año, especialmente por las increíbles propiedades y beneficios medicinales que nos aporta.

Es más, las distintas variedades de té existentes hoy día y que podemos adquirir en herbolarios y tiendas especializadas, hacen que nos encontremos ante diferentes bebidas con sabores, aromas y cualidades tan dispares como diferentes. Por ejemplo, mientras que el té blanco se caracteriza por poseer un aroma y un sabor delicados, el té verde sorprende por su sabor mucho más potente, a la par que el té rojo destaca por su sabor ligeramente dulce. También existen otras opciones menos conocidas pero igual de deliciosas, como es el caso de los conocidos como té azul y té amarillo.

Los errores más habituales al preparar té

En cualquier caso, si te encanta disfrutar de una buena taza de té y además tiendes a hacerlo de forma regular cada día es bastante probable que seas todo un experto/a en su preparación. Pero ¿sabes que solemos cometer muchos errores en su elaboración, incluso aunque pensemos que lo estamos haciendo de forma correcta?.

Los errores que cometemos habitualmente al preparar té

1. Utilizar té de baja calidad

A la hora de preparar una taza de té (o varias) podríamos decir que nos encontramos ante un problema común que nos ocurre igualmente a la hora de hacer café: escoger un té de baja calidad, de la misma forma que tendemos comúnmente a elegir granos de café o café molido de poca calidad. Es decir, elegimos la primera marca que encontramos en el supermercado sin pararnos a pensar si es o no de buena calidad.

Obviamente, si deseamos preparar la mejor taza de té optando para ello por un té de calidad lo mejor es que el té provenga directamente del lugar de cultivo. Por ejemplo, actualmente puedes encontrar tiendas de té que trabajan de forma directa con los productores, lo que te brinda la posibilidad de disfrutar de té de calidad llegado desde Japón o China.

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Por otra parte, no es aconsejable comprar tés con aromas y colorantes artificiales, utilizados comúnmente con el fin de aumentar su sabor y aroma.

2. Utilizar agua de baja calidad

Al igual que ocurre con el té escogido para su elaboración, el agua que utilizamos también influye de forma directa en la calidad del té que preparemos. Es aconsejable usar agua filtrada y de buena calidad, con una cantidad adecuada de minerales.

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3. La temperatura adecuada del agua

¿Sabías que según el tipo de té el agua debe ser calentada hasta cierta temperatura? Es decir, tendemos a elaborar un té negro de la misma manera que elaboramos un té verde, calentando el agua hasta alcanzar la misma temperatura.

Pero esto es un completo error, dado que mientras que algunas variedades de té –como es el caso del té negro o el té rojo- se elaboran con agua hirviendo puesto que su nivel de oxidación es mayor, el té verde se debe preparar con agua cuya temperatura oscile entre los 35 hasta los 80 grados centígrados.

Las temperaturas más adecuadas serían las siguientes, en término medio:

  • Té negro: entre 90 a 95ºC (agua hirviendo).
  • Té rojo (pu-erh): entre 90 a 95ºC (agua hirviendo)
  • Té oolong (azul): entre 90 a 95ºC (agua hirviendo)
  • Té verde: un máximo de 80ºC.
  • Té blanco: entre 70 a 80ºC.

4. Superar el tiempo de reposo

Mantener el té en infusión –o reposo- durante un tiempo mayor del recomendable es también otro de los errores que más comúnmente tendemos a cometer. Debemos tener en cuenta que la mayoría de té verdes y el té blanco liberan todas sus propiedades durante los primeros 30 segundos de reposo, por lo que es suficiente mantener el té en remojo durante solo unos pocos minutos.

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Sin embargo, si mantenemos las hojas de té verde en remojo durante un tiempo mayor obtendremos un té con sabor tremendamente amargo y muy fuerte, mientras que si el té negro supera los 5 minutos se convertirá en una bebida astringente e igualmente amarga.

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El tiempo de reposo más recomendado es el siguiente, dependiendo del tipo o variedad de té:

  • Té negro: 3-5 minutos.
  • Té rojo: 2-3 minutos.
  • Té blanco: 1-2 minutos.
  • Té verde: 1-3 minutos.
  • Té oolong (azul): 3 minutos.

5. Usar una cantidad de té poco adecuada

Cuando elaboramos el té a partir de sus hojas (por ejemplo en granel) y no utilizamos bolsitas de té lo más común es que en algún que otro momento nos equivoquemos respecto a la cantidad utilizada en su preparación.

Debemos tener en cuenta que al entrar en contacto con el agua caliente las hojas del té tienden a expandirse, por lo que de usar una cantidad de té excesiva se convertirá en una bebida tremendamente amarga.

Para evitar este tipo de problemas basta con echar un vistazo a las instrucciones de preparación que podrás encontrar en el paquetito o en la lata de té que hayas adquirido.

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